Carlos Callón estudia en un libro la presencia de la homosexualidad en la Edad Media
En 1061, en el que hoy es el muncipio ourensano de Rairiz de Veiga, Pedro Díaz y Muño Vandilaz institucionalizaron su convivencia y las normas que debían regirla con una retórica y unas consecuencias legales muy parecidas a las de un matrimonio heterosexual. En 1901, Marcela Gracia y Elisa Sánchez protagonizan la primera unión lésbica de la que se tiene constancia en Galicia. Entre una y otra ceremonia transcurren 10 siglos en los que la homosexualidad pasa de ser una práctica aceptada en los primeros mil años del cristianismo-y tolerada por el clero en la Alta Edad Media- a motivo de burla, encarcelamiento, castración o muerte. El paso de la aceptación a la homofobia ocupa el último libro de Carlos Callón (Ribeira 1978), Amigos e sodomitas. A configuración da homosexualidade na Idade Media (Sotelo Blanco), un ensayo merecedor del Premio Vicente Risco de Ciencias Sociais 2011 que convocan los Ayuntamientos de Allariz y Castro Caldelas.
A través del corpus lírico medieval y de textos historiográficos y jurídicos, el también presidente de la Mesa pola Normalización Lingüística trata de arrojar luz sobre las razones "del nacimiento de la intolerancia" en el siglo XIII. En la persecución de toda identidad distinta de la heterosexual tuvo mucho que ver, considera Callón valiéndose de investigaciones previas de Xosé Chao Rego, el afianzamiento del Estado moderno. "Estos sistemas trajeron consigo un rígido establecimiento de la jerarquía social que conllevó unas estrictas normas de control sexual, pues en el sexo se basaban las alianzas y las herencias de esta sociedad de estamentos", expone el autor. Que las relaciones entre personas del mismo sexo pasen a considerarse pecado contra natura se explica porque se entiende "que el sodomita rehúsa colaborar con la obra divina al transgredir las reglas de procreación y romper el orden universal".
A lo largo de 14 capítulos, encabezados por un texto medieval alusivo a la homosexualidad, Callón aborda cuestiones como la configuración del pecado de la sodomía, las censuras y metáforas con las que se cubre esta práctica cuando el poder civil la condena o el uso que se hace de ella para acusar, con fundamento o sin él, al enemigo político.
La obra también refleja, gracias al estudio de las cantigas medievales, especialmente las de escarnio, hasta qué punto la lírica era capaz de retratar los comportamientos sexuales de la época. La cantiga que abre el primer capítulo del libro, de Afonso Eanes do Cotón, apela a María Mateu, de la que se dice que le gustan las mujeres tanto como a la voz poética, masculina. Es una excepción, señala el autor, porque la mayoría de las cantigas reproducen el esquema de fidelidad del amado a la dama, del hombre a la mujer, que mandaba el amor cortés.
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