02/12/2007
A sus 87 años, desplazado de la dirección del grupo empresarial que contribuyó a fundar, a Isaac Díaz Pardo le queda poco más que el Instituto Galego da Información (IGI), la sede central de Sargadelos en Santiago, donde tiene una habitación que constitituye su vivienda particular. "Allí sigue viviendo y trabajando como un resistente, que es lo que fue toda la vida", afirma su hijo, Xosé Díaz. Ahora, Díaz Pardo y su familia temen quedarse sin ese último refugio. La nueva mayoría del grupo Sargadelos ha convocado por vía judicial una junta de accionistas del IGI con la intención de restar el poco poder que le queda al fundador.
La dirección del grupo elude explicar cuál son exactamente sus propósitos, pero Díaz Pardo no duda: "Quieren vender el edificio y quedarse con el dinero". "Pretenden desalojar a Isaac", apostilla su hijo Xosé. Mientras, los 11 trabajadores del IGI - que desarrolla la actividad más propiamente cultural del grupo, incluida la editorial Edicións do Castro- llevan ya seis meses sin cobrar y han entablado litigios contra la nueva mayoría de Sargadelos.
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