ROSA JIMÉNEZ CANO 16/10/2009
Torero sevillano de pundonor en los ruedos, Juan Posada destacó en los años cincuenta. Ha fallecido en Madrid en la madrugada del 15 de octubre, a los 78 años, a causa de una enfermedad hepática. Pasó a la historia por cortar dos orejas sin entrar a matar. Su toreo al natural a un novillo de Buendía conmocionó tanto que le llevaron los trofeos a la enfermería de Las Ventas el 4 de octubre de 1951, tras resultar herido de gravedad. Nacido en Sevilla el 24 de septiembre de 1931, se cortó la coleta en 1956, sin tentación de volver, porque tenía claro que "en el toreo se está para mandar o no se está". Aunque pasasen los años, siempre mantuvo la figura, andares y afán por estar en forma que caracteriza a los toreros.
A diferencia de muchos compañeros de generación, estudió Periodismo en la Universidad para después ejercer la crítica. Serio en sus juicios en La Razón, sus crónicas eran más descriptivas que críticas.
Era sobrino de los matadores de toros Francisco y Antonio Posada, y del novillero Faustino Posada, primer torero muerto en el ruedo por las astas de un Miura. Padre de ocho hijos, sólo uno de ellos, Antonio Posada, intentó hacer carrera en los ruedos sin demasiada suerte.
Su nieto, Ambel Posada en los carteles, último exponente de la dinastía más antigua en activo, fue la ilusión de sus últimos años. Tanto le agradaba su estilo y gusto con el capote que prefería no hacer las crónicas para el periódico si el nieto formaba parte del espectáculo. También prestó especial atención a José Tomás, al que exigió como máxima figura y cantó los triunfos sin tapujos.
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