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ANÁLISIS: Cosa de dos

Destape

ENRIC GONZÁLEZ 28/08/2008

 
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Los años de la Transición son recordados como una época hiperpolítica. Sólo es cierto en parte. Quizá aquel pasteleo, aquel acuerdo implícito más o menos vergonzante, y más o menos sensato, que cada uno estableció con su propia memoria y con las memorias ajenas, fue posible porque los españoles teníamos la cabeza en otra parte. España vivió entre Eros y Thanatos, entre el sexo y la muerte, sin paradas intermedias.

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Cuesta recordar la cantidad de sangre y angustia en que chapoteó la sociedad española. Secuestros, asesinatos, explosiones, violencia callejera: cada día regalaba una tragedia. España era un país confuso, en estado de excepción permanente. Mirando hacia atrás, a todo aquello se le puede deducir un sentido. Entonces no se veía.

Entre tanta muerte, los españoles se volcaron en el sexo. El destape fue el aspecto más visible de la voraz pulsión erótica, que exigía desnudez como si ésta tuviera algún valor purificador. El fenómeno marcó una época en el cine y la prensa popular, y no afectó solamente a jóvenes actrices: desde un defensa central como Migueli, hasta un guitarrista como Paco de Lucía, decenas de personajes desfilaron por las páginas de Interviú y similares en poses más o menos osadas.

Si fuera posible escuchar ahora todas las conversaciones de la época, acaso descubriríamos que la legalización del Partido Comunista, aquel Viernes Santo de 1977, dio menos que hablar que el pubis de María José Cantudo o los pechos de María Salerno, los primeros que adornaron una portada.

Tele 5 evocó el martes aquel fenómeno con un documental sin grandes pretensiones, pero con sus momentos. La peripecia de María José Goyanes, amenazada y agredida (el sobre bomba no llegó a estallar) por mostrar los pechos en un escenario, y posteriormente acosada en un coche policial por los agentes enviados para protegerla, mostraba hasta qué punto Eros y Thanatos se confundían en un ambiente espeso y, en general, mucho más desagradable de lo que se recuerda.

Fue un tiempo de tránsito, escaso de realidad y, a falta de otra cosa, abundante en sublimaciones. Como monumento a lo subliminal queda en los archivos aquel cartel que el PSOE utilizó en la campaña de 1977: el puño aferrado a un capullo reventón, y el lema "La libertad está en tu mano". Qué tiempos.

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