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CRÍTICA: VISTO/ OÍDO

Lagarto, lagarto

JOSÉ MIGUEL CONTRERAS 25/02/1985

 
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Desde su aparición como género, los telefilmes han sido uno de los principales vehículos de propaganda norteamericana. El último producto de la televisión norteamericana acaba de llegar a nuestros hogares.V plantea una aparentemente sencilla trama basada en la llegada a Estados Unidos de unos lagartos antropófagos que poseen un avanzado desarrollo tecnológico y una buena capacidad de camuflaje para hacerse pasar por ciudadanos. Frente a ellos se reúne un sector de resistencia bélica que utiliza técnicas de guerrilla urbana.

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Los visitantes, de los que no se aportan más datos ideológicos que su maldad intrínseca y la fuerte jerarquía con la que se organizan, visten todos ellos con uniformes rojos y escriben en sus ordenadores en un idioma que, curiosamente, recuerda de inmediato a los caracteres cirílicos de la caligrafía del ruso.

Su estructura militar tiene serias lagunas. La corrupción interna es evidente. Todas las mujeres que ocupan altos cargos en la organización parece que deben al sexo su posición. "Yo no tengo el mismo rango que tú", le dice la malvada Diana a la comandante jefa de su ejército, "pero tengo el interés especial del líder, que es más importante". La conversación, Más digna de celebrarse en una verdulería que en el cuartel de un poderoso ejército invasor, contrasta con la decencia en la que se mueve el bando opuesto, en el que hasta las más criticables acciones son justificadas.

En el último capítulo de V sólo muere uno de los buenos. Había mostrado un cierto malestar al conocer el hecho de que su novia debía acostarse con un humano colaborante con el enemigo, con el fin de extraerle información. Ya se lo había comentado uno de sus compañeros: "Tienes que comprenderlo, esta maldita guerra es dura para todos nosotros". No lo entendió y, aunque al final pareció dar síntomas de arrepentimiento, era ya demasiado tarde. Había que pagar el delito.

La composición del grupo de resistencia es, eso sí, de lo más heterogénea. Los jefes son una pareja de jóvenes que al parecer son capturados alternativamente, semana a semana, por los lagartos travestidos. Junto a ellos se agrupa toda clase de luchadores. Uno de ellos, el más experto, es Tyler, un mercenario que, a pesar de haber luchado en Laos y El Salvador, es perfectamente integrable en una buena acción.

En una ocasión el periodista Mike Donovan, jefe del grupo, que ya le conoce al haber trabajado como reportero de guerra, tuvo que recordarle que él era el jefe, porque le apoyaba el total de las fuerzas de la resistencia. A Tyler le costó trabajo entender el argumento, pero al final lo comprendió. Pese a todo, es un gran muchacho.

Apenas quedan 20 semanas para llegar al final de la serie. ¿Alguien apuesta sobre quién ganará?

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