ENRIC GONZÁLEZ 06/11/2009
Los ministros, se supone, cuentan con un equipo de asesores. Deberían ser capaces de explicar las cosas con el ejemplo más adecuado. A quien ocupa la cartera de Cultura no hay por qué suponerle una elevada formación cultural, igual que el ministro de Defensa no tiene por qué ser valeroso ni el ministro de Fomento ha de saber encofrar el hormigón. Volviendo a la cultura: la ministra Ángeles González-Sinde podría habérselo pensado un poco antes de poner a Mozart como ejemplo. La ministra defendió la actividad de la Sociedad General de Autores (SGAE) diciendo que Mozart vivió en la miseria por no cobrar derechos de autor. "Si los hubiera tenido, él y su familia habrían vivido mejor y él habría sido más libre para crear", dijo.
La ley considera que la telepromoción no es un mensaje publicitario
También es mala pata blandir para algo así al pobre Mozart, autor de uno de los actos de piratería intelectual más célebres de la historia.
El asunto es bastante conocido. En el siglo XVIII, el Miserere mei, Deus de Gregorio Allegri (1582-1652) sólo se interpretaba en la basílica de San Pedro y los palacios contiguos. Los Papas tenían la propiedad de la partitura y la guardaban en los archivos vaticanos, para preservar el misterio de la exquisita composición coral: su publicación estaba penada con la excomunión. Sólo existían tres copias, en manos del emperador del Sacro Imperio, del rey de Portugal y del padre Martini, un músico franciscano. En 1770, con 14 años, Mozart visitó Roma y acudió a la Capilla Sixtina, donde escuchó el Miserere. A la salida, de memoria, reprodujo con exactitud la partitura. Regresó unos días después para corregir algunos detalles y al cabo de poco tiempo regaló su copia al historiador británico Charles Burney, quien en 1771 la publicó en Londres.
Si hablamos de piratería musical y de sus posibles ventajas (el Miserere se difundió rápidamente por Europa), no podemos encontrar mejor ejemplo. Mozart, en efecto, pasó apuros económicos en sus últimos años (murió a los 35), pero eso parece más relacionado con sus depresiones que con la falta de derechos de autor. En cuanto al papa Clemente XIV, no actuó como habría hecho la SGAE: hizo como que no se enteraba del robo del Miserere para no tener que excomulgar a nadie.
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- 06-11-2009Página 1 de 3
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Sergio Barrejón
( http://us.imdb.com/name/nm1345585/ )
- 08-11-2009 - 14:37:26h
Interesante artículo de divulgación histórica. Lástima la comparación en el último párrafo entre Clemente XIV y la SGAE, un poco maniquea, a mi modo de ver. Las obras cuyos derechos gestiona la SGAE no están secuestradas ni prohibidas como lo estaba la de Allegri. Cualquier orquesta de pueblo puede interpretar el "Corazón Partío" si le viene en gana. Sencillamente, tendrá que pagar una cantidad (bastante razonable, por cierto) a cambio. Ese pago está justificado por el lucro que obtiene el ejecutante al usar la obra del autor. Es un sistema que funciona perfectamente desde hace mucho tiempo y en un montón de países, que permite que ambas partes se beneficien. Que la Ministra haya citado equivocadamente el caso de Mozart no es más que una anécdota. De hecho, el error no es tanto haber elegido a Mozart, sino el que se haya sentido obligada a justificar una actividad económica legal ante el avance de una actividad económica ilegal. ¿A qué viene tanta vergüenza? ¿Acaso los autores necesitamos que Mozart o cualquier otro genio viviese en la indigencia para poder reclamar lo que es nuestro a grito de "que no se repita la historia"?
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Carlos
- 07-11-2009 - 14:48:45h
En realidad, Mozart ganó mucho dinero en su vida, muchísimo, y si pasó al final alguna estrechura no creo que fuera tanto por sus depresiones sino, por un lado, por su abierto desafío a la forma de producción musical de su tiempo, al pretender convertirse en un compositor libre en Viena, cosa que logró en un principio pero acabó pasándole factura (Norbert Elias lo explica admirablemente en un librito que publicó Península con el título de Mozart, sociología de un genio) y por otro, por su tendencia a gastar el dinero con la misma liberalidad con que lo ingresaba;, vamos, que Amadeo era un auténtico manirroto, lo que ahora que lo pienso está muy bien traído andando por medio un ministro del gobierno Zapatero.
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morenita
- 07-11-2009 - 02:04:01h
Muchas gracias por hacernos leer el recordatorio preciso en el momento adecuado. Un placer, un abrazo.
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María
- 07-11-2009 - 00:03:15h
Felicidades por el artículo. no sabía lo del plagio, muy interesante. Estoy a favor de que se proteja la propiedad intelectual. Quizás haya que arbitrar algún registro, como el de patentes. No lo se. De lo que sí estoy segura es de que esta ministra no tiene capacidad, autoridad moral e inteligencia para llevar a cabo un cambio en el mercado de contenidos culturales, como les gusta llamarlo. Es evidente.
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Luis Anderson
( http://http.//luisanderson.wordpress.com )
- 06-11-2009 - 21:35:04h
Mninistros de Cultura INCULTOS no es privilégio de España. Las habas se cuecen y se pudren en todas las partes. La peor decisión de Zapatero fue haber nombrado esta señora que no tiene pelos en la lengua ni se corta a la hora de decir bobadas. ¿Quiere regulamentar Internet? Es lo que parece. Es una persona del gremio, corporativista y no cambiará. La sociedad ya cambió por sus propios medios.
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