Martes, 24/11/2009

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ANÁLISIS: Cosa de dos

Privacidad

ENRIC GONZÁLEZ 20/08/2009

 
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Antes, la privacidad era otra cosa: inofensiva y hasta saludable. En momentos de privacidad era bastante usual masturbarse. Una parte importante de la adolescencia consistía en evitar que te pillaran tus padres. Otra parte de la adolescencia, mucho más importante que la primera, consistía en evitar lo contrario: pillar tú a tus padres. Eran cosas privadas o, como mucho, familiares, que no implicaban al resto de la sociedad. Resulta evidente que las cosas han cambiado. Para comprobarlo, basta con visitar un medio digital y adentrarse en las secciones de "comentarios". ¿Qué pasa? ¿Ya nadie se masturba? Por razones que ignoro, mucha gente dedica hoy su esparcimiento a escribir barbaridades bajo la cobertura del anonimato. No digo que antes no se hiciera (la literatura de retrete es tan antigua como los retretes), pero se hacía menos y de forma artesanal. Ahora, la burrada patética, el insulto atroz y la rabia escupida se han convertido en un fenómeno masivo.

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Hay muchos comentarios correctos, e incluso hay bastantes con interés. Pero la proporción de sociópatas es alarmante. Y hay que tener en cuenta que la mayoría de los medios pagan a alguien (que sin duda debería cobrar más de lo que cobra, y jubilarse a edad temprana, por la penosidad de su tarea) para que elimine las intervenciones más deleznables. Cierto, una sola persona puede soltar muchas barbaridades con distintos seudónimos. Aún así, la cuenta de quienes usan la privacidad para eyectar sus amarguras intestinales sobre la pantalla, y de paso amargar un poco la vida del prójimo, resulta excesiva.

En Nueva York, un juzgado ha ordenado a Google que revele la identidad de un bloguero que insultó a la modelo Liskula Cohen. El bloguero escribió que Cohen era "psicótica y mentirosa" y propensa a las actividades sexuales. Se enfrentará a un juicio por difamación. Me parece injusto. ¿El bloguero sí, y los comentaristas no? ¿Sólo porque al bloguero se le pilla más fácil? O todos, o ninguno. Todos es imposible: la paja mental se ha impuesto sobre la otra de forma definitiva.

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