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¿Qué teme Juan Diego Flórez?

Las razones tras la renuncia del tenor peruano a cantar 'Rigoletto' en el Real

JAVIER PÉREZ SENZ - Barcelona - 05/08/2008

 
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El tenor peruano Juan Diego Flórez (Lima, 1973), indiscutible rey del bel canto tras una década prodigiosa de carrera, sabe que la forma más rápida de arruinar una voz es cantar papeles que no le convienen, y, quizá en un exceso de cautela, ha anunciado que no cantará Rigoletto, de Verdi, en el Teatro Real, dejando plantado al coliseo madrileño en el plato fuerte de su próxima temporada.

Florez, Juan

A FONDO

Género:
Ópera
Último disco:
Sentimiento latino

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¿Por qué teme Flórez al duque de Mantua? Aunque Rigoletto, el jorobado bufón de la corte protagonista de la ópera, es un papel emblemático para cualquier barítono verdiano que se precie, el libertino duque de Mantua tiene a su cargo la más célebre aria del repertorio italiano, La donna è mobile. Flórez la bordó el pasado sábado en Peralada, y encima se permitió el lujo de sostener a placer el radiante agudo final con un punto de chulería tenoril, mirando cómo pasaban los segundos en su reloj, para pasmo de orquesta y público. Visto el percal, ¿por qué planta a Rigoletto en el Real?

Conviene decir que un aria, por famosa que sea, es sólo la guinda de un papel que encierra mayores dificultades. Con un único papel verdiano como bagaje previo -Fenton, del inmenso Falstaff-, Flórez afrontó su primer duque el 28 de marzo en Callao (Perú), jugando en casa antes de interpretarlo en la Ópera Estatal de Dresde el pasado 21 de junio. El propio Flórez dice que la experiencia fue bien y que no tiene problemas técnicos, pero que "quiere dejar descansar el personaje" porque "me siento incómodo y debo forzar la voz". Cuando un cantante reconoce que debe forzar la voz para sacar adelante un papel, rara vez se equivoca.

No todos los tenores son iguales. De la misma forma que en el boxeo no es lo mismo ser un peso pesado que uno medio o ligero, con las voces también hay varias categorías, desde el tenor ligero al dramático, pasando por tenores lírico-ligeros, líricos y spinto, que es un lírico dotado de mayor consistencia. Flórez es un tenor lírico-ligero, con la habilidad de un ligero en el canto de agilidad, pero con más calidez en el centro y brillantez en los agudos. Pavarotti, en cambio, fue un lírico pleno, con un centro vocal más amplio, mayor potencia y volumen. Y cada repertorio impone sus límites.

Forzar la voz comporta riesgos. Frecuentar repertorios más pesados pasa factura, la voz pierde flexibilidad, la emisión se vuelve inestable, hay más dureza en los agudos y los problemas se notan al volver a cantar partes más ligeras, más agudas. Y no suele haber vuelta atrás; la historia está llena de tenores que han arruinado su voz por cantar papeles más pesados. Alfredo Kraus, modelo perfecto de lírico-ligero, aconsejaba prudencia con Verdi y total abstinencia con Puccini y los veristas. Pero los agentes, los teatros, las casas de discos, quieren Verdi y Puccini. Como decía Pavarotti, ése es el repertorio que da popularidad a un tenor.

Hace bien Flórez preservando su voz para Rossini, al que está poniendo de moda en todo el mundo. Pero el duque de Mantua no debe ser un obstáculo: hace bien al decir que será su único papel verdiano, pero para hacerlo suyo debe darle una nueva oportunidad.


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