'Cinco horas con Mario' vuelve a la escena con Natalia Millán

A finales de 1979 ningún empresario teatral de Madrid daba un duro por una obra, "de arte y ensayo", que querían hacer un puñado de principiantes. El texto, Cinco horas con Mario, era el estreno en las tablas de su autor, Miguel Delibes, el monólogo lo interpretaba Lola Herrera, lo dirigía Josefina Molina y lo producía José Sámano. En el ensayo general, el 25 de noviembre en el teatro Marquina, se durmió hasta el iluminador, contó ayer el propio Sámano. Más de 3.000 funciones y 31 años después, el texto de Delibes se ha convertido en un clásico contemporáneo.
La nueva producción de Cinco horas con Mario, en la que repiten todos salvo la protagonista que ahora es Natalia Millán, se estrenó el pasado 30 de septiembre en Valladolid y mañana iniciará su gira nacional en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, donde estará hasta el domingo 17.
"Fue el propio Delibes quien me pidió que repusiéramos la obra, pero la protagonista, una mujer de unos 40 años que enviuda de forma inesperada, no podía seguir siendo Lola que, aunque está estupenda, tiene 70 años. Él quería que no fuera una actriz de relumbrón y, sobre todo, que fuera mona. Desgraciadamente, Delibes falleció antes de saber que Natalia Millán, que cuando se lo pedimos estaba haciendo Chicago, había aceptado el papel", explicó Sámano.
"Para mí ha sido una experiencia interesantísima volver a un texto que había hecho con una actriz de mi generación. Natalia le ha aportado mucho al personaje, porque para ella los años sesenta en los que se desarrolla la obra forman parte del pasado. Carmen Sotillo -la protagonista- es un personaje muy especial fruto de su época. Ella defiende aquello que la destruye y su discurso se basa en las creencias de una sociedad que vivía bajo una dictadura", apunta Molina.
"Los actores a veces tenemos que acercarnos a personajes que son absolutamente distintos a nosotros; pero ese ejercicio de tolerancia nos hace pensar que quizás no estemos tan lejos. Al final del texto digo: Todos somos buenos y malos, es preferible aceptarlo así y desterrar la hipocresía", concluye Natalia Millán.
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