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REPORTAJE

La virgen de los deseos

ÁNGELA MOLINA 05/07/2008

 
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Los fanáticos duchampianos destacan siempre que al mejor amante de toda la historia del arte, a diferencia de Picasso, no le importaba perder en el amor, no así cuando se sentaba frente a un tablero de ajedrez. Duchamp necesitaba constante y perentoriamente esa cualidad: la alegría del deseo, fuente de inspiración de su última y más secreta obra, Étant donnés, hoy en exposición permanente en el Museo de Arte de Filadelfia. Para su montaje, Duchamp elaboró un minucioso manual ilustrado (Aproximación desmontable ejecutada entre 1946 y 1966 en Nueva York) que fue publicado por el museo en 1987. Tres años antes, con motivo de su retrospectiva en la Fundación Miró (comisariada por Gloria Moure), la obra fue recreada a partir de una puerta original traída especialmente de Cadaqués, auténtico "velo" de uno de los desnudos más agresivamente expuestos del siglo XX.

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¿Podemos averiguar la verdad de aquella mujer sin cabeza, totalmente desnuda y tumbada sobre un lecho de ramas secas y hojarasca, que sostiene un mechero de gas con su brazo izquierdo? ¿Qué tenía en la cabeza el artista cuando la hizo? Maria Martins, esposa del embajador de Brasil en Estados Unidos, conocida como la anfitriona más atractiva de la colonia diplomática y a la sazón escultora y diseñadora de joyas, mantenía en 1946 un secreto romance con el artista. Tenía 43 años, 13 años menos que Duchamp, era sumamente inteligente, capaz de fascinar a Breton (que escribió el texto de un catálogo de una de sus exposiciones en Nueva York) y a Nelson Rockefeller (quien compró piezas suyas mientras era presidente del MOMA). Aquella mujer desafiante y excéntrica desempeñó un papel importante en la vuelta de Duchamp al arte, ya que fue el origen del mundo que rodeó una obra de envergadura -la primera desde el Gran vidrio- que lo iba a mantener ocupado de manera clandestina durante dos décadas.

Un pequeño dibujo a lápiz, fechado en 1947, suele considerarse el primer estudio para Étant donnés. En él aparece un desnudo de mujer, sin cabeza, de cuerpo esbelto y pechos generosos, con una pierna alzada y doblada hasta la rodilla. Su característica más llamativa es el vello púbico. Sobre la firma de Duchamp se ve el título escrito a lápiz: Étant donnés: Maria, la chute d'eau et le gaz d'eclairage. La existencia de este boceto se desconocía hasta 1975, cuando Pontus Hulten, el director del Moderna Museet de Estocolmo, lo pidió en préstamo a Nora Lobo, que lo había heredado de su madre en 1973 junto con un bajorrelieve de la misma figura en cuyo envés aparecía escrito: "Cette dame appartient à Maria Martins / avec toutes mes affections / Marcel Duchamp, (1948-9)".

A diferencia del Gran vidrio, el tema de Étant donnés era visible a la mirada, el reflejo de la sensualidad de una pareja de amantes. Hay cartas personales que sugieren que Duchamp pretendía que Maria abandonara a su marido. Pero ella siempre se resistió. Con los años y la distancia, la relación perdió intensidad. El artista se refugió en su estudio para seguir trabajando en secreto en su tableau vivant, al que en una ocasión, en una carta enviada a su amante, se había referido como N. D. (Notre Dame) des désirs.


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