J. C. 09/05/2008
La celeridad con que el cine estadounidense se ha empeñado en dramatizar las secuelas pos-traumáticas de la guerra de Irak había dejado hasta ahora fuera la figura del soldado que regresa a la vida civil. Daba la impresión de que sólo regresaban ausencias: cuerpos muertos o vaciados de humanidad. Kimberly Peirce parece haber afrontado su segundo largometraje tras Boys don't cry bajo la responsabilidad de reparar la omisión: Ausente se centra en unos soldados que regresan a su Texas natal tras su servicio en Irak y aplica la mirada humanista que William Wyler propuso en Los mejores años de nuestra vida y que Hal Ashby y Michael Cimino retomaron, respectivamente, en El regreso y El cazador, sobre Vietnam.
El empeño es loable, pero sabe a plato recalentado, con esos personajes que exasperan su síndrome pos-traumático ya desde la primera noche, como si estuviesen en el Actors Studio. La directora también recurre a un cliché de estilo -esas imágenes de vídeo- y no puede evitar que algunas situaciones suenen a apresurado telefilme. Una pena, porque su posición ética parece limpia de demagogias.
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- 09-05-2008
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