Domingo, 15/11/2009, 03:23 h

ELPAIS.COMCine

'Déjame entrar' es mucho más que otra película de vampiros

Llega a España el filme sueco, una de las sorpresas de la temporada

GREGORIO BELINCHÓN - Madrid - 17/04/2009

 
Vota
Resultado Sin interésPoco interesanteDe interésMuy interesanteImprescindible 117 votos
Imprimir   Enviar

El niño deambula solo en el patio del bloque donde vive. Invierno sueco. Noche deprimente. Suburbios de Estocolmo. Se oyen sus pisadas en la nieve, su respiración preocupada. En el colegio le pegan. A su lado, su nueva vecina, una niña de su edad que no va a la escuela, que no tiene la sangre caliente, que jamás se deja ver de día. Pero que le acompaña en sus miedos. Es la pareja de Déjame entrar, cruce entre Drácula y la gelidez bergmaniana; filme que Harry Knowles, el gurú de la web Ain't it cool news, califica como el mejor de 2008; película que ha ganado en una treintena de festivales, incluido el Méliès de Oro a la mejor película europea fantástica del año, que recibió en Sitges.

Carlos Boyero

Carlos Boyero

ENTREVISTA DIGITAL - 23-04-2009

Crítico de cine y columnista de EL PAÍS.

La noticia en otros webs

Su realizador, Tomas Alfredson (Lidingö, 1965), no tenía mucho interés -más bien ninguno- en el cine de vampiros. Sí en el acoso escolar, el temido bullying, porque lo había sufrido de crío. Y, por supuesto, sabe de frío. "Nuestro clima ayuda a que convivamos con vampiros", asegura y estalla en carcajadas. "No sienten la temperatura, y la oscuridad en la que vivimos la mayor parte del año hace ideal Escandinavia como destino vampírico".

Pero Déjame entrar no es sólo sangre: también habla del miedo o del despertar erótico al inicio de la adolescencia. "No soy muy estricto a la hora de escoger temas para mis películas. Según me atraigan. Eso sí, huyo de la posibilidad de convertirme en un director de género". Y esa intención beneficia al filme. "El proyecto me llegó cuando un buen amigo me dio el libro original. No me interesa ese tipo de literatura y estuvo un tiempo en mi mesilla de noche. Pero la recomendación venía de alguien de fiar y descubrí una muestra original de realismo social, con una pátina de fantasía. Sentía muy cercano el paisaje, esos arrabales de Estocolmo de 1982. En aquella época yo era un poco mayor que los niños, pero entiendo sus vidas, sus problemas y recuerdo perfectamente el ambiente. A mí me pegaron en el colegio". ¿Por eso se quedó con la parte de la novela que habla del acoso escolar y se deshizo de todo referente a la pedofilia? "La pedofilia se usa en televisión y en el cine con mucha ligereza, como un ingrediente para dar miedo. Y me parece muy irresponsable convertirla en un efecto emocional más. Supe muy pronto que si lo incluía, la pedofilia ensombrecería el resto del guión. Y entonces debería dar al público una visión distinta a la chabacana habitual. El tema me lastraba demasiado. Volviendo al acoso, me acercó a los personajes recordar el miedo que pasaba entonces. El recuerdo me asustó más que lo que sentí aquellos años".

Por si fuera poco, Déjame entrar radiografía el mito del Estado de bienestar habitado por unos personajes muy cercanos al pesimismo del finés Aki Kaurismäki. "Creamos una situación falsamente idílica. En la que parecía que podíamos hacer de todo. Era, insisto, falso. He mezclado ese ambiente con los vampiros, pero siempre sin abandonar el realismo. Me gusta cómo lo hizo Lucas en La guerra de las galaxias: en un mundo de ficción, hay unos límites muy claros. No puedes viajar en otra cosa que no sea una nave espacial. No hay superpoderes, emana verosimilitud. Luché porque mis espectadores sintieran lo mismo con mis vampiros".

¿Y por qué han vuelto los vampiros a la literatura y el cine? "Porque ilustran nuestra parte animal, y tenemos hoy en día una vida demasiado cerebral, encerrados en Internet o delante de la televisión, sin salir al exterior. El género del vampirismo recupera el contacto con nuestros instintos primarios". Que no son los que le llevan a usar calcetines de distintos colores con un traje exclusivo: "Soy embajador de un modisto sueco muy cool, y él va así". Elegancia vampírica obliga.


Vota
Resultado Sin interésPoco interesanteDe interésMuy interesanteImprescindible 117 votos

¿Qué es esto?Compartir:

Facebook  delicious  technorati  yahoo meneame myspace

Puedes utilizar el teclado:

aumentar texto disminuir texto Texto   

Si te ha interesado esta información, te recomendamos:

Otras ediciones

Última hora

 
Últimas Noticias
Hora Noticia
01:44 El oficio de no pensar
01:20 ERLICH
01:11 "Fuimos demasiado conservadores"
01:09 Messi es libre para aburrirse
01:07 Eto'o y Webó redimen a Camerún
 
Lina Leandersson
Ampliar

Lina Leandersson, que encarna a la niña vampiro Eli, y detrás, Kåre Hedebrant -su amigo Oskar-.- GORKA LEJARCEGI

 
 
 
 
asociados otros medios

© EDICIONES EL PAÍS, S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid (España)

Canal de la Sociedad de la Información