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Tahúres del desenlace

J. O. 13/04/2007

 
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Después de la interminable lista de thrillers eróticos sufrida en la primera mitad de los años noventa con la palabra seducción incluida en su título (ya fuera letal, mortal, final, peligrosa, última, oscura, melódica o vaya usted a saber), parecía poco probable que alguien rebautizara una película con la dichosa palabra. Pero aquí llega Seduciendo a un extraño (Perfect stranger, en original), rutinaria intriga con toques de erotismo que sólo se diferencia de la mayoría de sus predecesoras en materia de seducción por la inclusión en su narración de la última moda del cine de usar y tirar de Hollywood: la traca del final sorpresa.

SEDUCIENDO A UN EXTRAÑO

Dirección: James Foley. Intérpretes: Halle Berry, Bruce Willis, Giovanni Ribisi, Nicki Haycox. Género: thriller. EE UU, 2007. Duración: 109 minutos.

Hubo un tiempo en el que lo importante en una película de misterio y suspense era que al final los hilos encajaran y que, después de haber llevado al espectador a su antojo por un puñado de callejones sin salida, la puerta de la intriga se abriera con eficacia en el último acto y dejara a todos contentos. Ahora lo importante parece ser dejar estupefacto al personal con una conclusión tan sorprendente como improbable.

Seduciendo a un extraño juega esta carta uniendo los hilos de tal forma que incluso tiene que dedicar buena parte de su tiempo de desenlace a explicar pormenorizadamente a base de continuos flash backs qué demonios ha ocurrido. Lo que olvidan los guionistas y el competente realizador James Foley, que hasta entonces ha manejado la trama con pulso firme, es que unir todos los cabos sueltos no significa que el puzle encaje. Porque todo lo contado anteriormente pasa a no ser congruente con el diseño de los personajes y con la esencia de la historia que adquiere una nueva dimensión: la de la completa estupidez y la ausencia de plausibilidad.

De modo que ante el castillo de fuegos artificiales sin base al que se ha asistido, mejor quedarse con el tratamiento y la interpretación del personaje más interesante de toda la película: el solitario, reconocible y tristísimo freak de la era cibernética al que pone cuerpo y alma el inquietante Giovanni Ribisi.

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