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CRÍTICA

La pena razonable

JAVIER OCAÑA 10/07/2009

 
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En 1956, durante la última fase de su carrera, Fritz Lang dirigió un thriller de demoniaco punto de partida y puesta en escena ejercitada con el piloto automático, en el que un periodista se incriminaba como el asesino de una mujer con la que nada tenía que ver, sólo para poner en tela de juicio la existencia de la pena de muerte a través de la introducción del concepto de la "duda razonable". Más de 50 años después, la sociedad estadounidense parece haber ido marcha atrás en algunos aspectos, puesto que la nueva versión de Más allá de la duda, dirigida por el habitualmente insulso Peter Hyams, ni siquiera se plantea tal reconversión ética y legal. Estamos ante un caso de denuncia de corrupción individual, de un elemento podrido en forma de fiscal del distrito, dentro de un sistema punitivo que parece funcionar.

MÁS ALLÁ DE LA DUDA

Dirección: Peter Hyams.

Intérpretes: Jesse Metcalfe, Michael Douglas, Amber Tamblyn, Sewell Whitney.

Género: thriller. EE UU, 2009.

Duración: 105 minutos.

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Como en la película original, se aprovecha para denunciar el papel de ciertos medios de comunicación en la fabricación de ciertas noticias (allí, la prensa; aquí, la televisión), y se mejora respecto a aquélla en el crescendo psicológico, algo que a Lang no parecía importarle y que además se acrecentaba por la sempiterna actuación imperturbable de Dana Andrews. Además, los autores del nuevo guión resultan más honestos respecto del desenlace. Así, y sin dar más datos de los debidos, en esta versión se ofrecen un par de pistas visuales y verbales a lo largo del metraje que devuelven al juego limpio a un guión que, en 1956, se sacaba de la manga un giro final tan inesperado como rocambolesco.

Sin embargo, tras el párrafo de las mejoras, habrá que concluir que Hyams es incapaz de rescatar a su Más allá de la duda de la categoría del thriller convencional de aspecto televisivo y vuelo raso. Jesse Metcalfe, de gran parecido físico con Andrews, tampoco enriquece demasiado su impavidez y, sobre todo, la película es la palpable demostración de la cobardía en materia de derechos sociales de buena parte del cine americano de hoy. A finales de los años cincuenta, Hollywood fabricaba películas como Doce hombres sin piedad, ¡Quiero vivir!, Senderos de gloria y Más allá de la duda, todas ellas visibles recomendaciones hacia un replanteamiento legislativo en materia penal. Rescatar una cinta como la de Lang para luego obviar lo mejor de ella sí que no parece razonable.

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