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Bernardí Roig regresa de Venecia con sus obsesiones

El artista exhibe en el IVAM de Valencia las creaciones que puso a dialogar con las obras de Ca Pesaro

FEDERICO SIMÓN - Valencia - 27/11/2009

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En la explanada del Institut Valencià d'Art Modern (IVAM), un figura blanca de cara a la pared regurgita agua en una enorme piscina cubierta por una rejilla metálica. Es el particular homenaje de Bernardí Roig a la celebre imagen Self Portrait de Bruce Nauman y que sirve al artista mallorquín para dar la bienvenida a su exposición en el museo Valenciano. En Bernardí Roig. Shadow must dance el creador exhibe las desconcertantes creaciones que puso a dialogar con las obras de Klimt, Rosso, Matisse o Morandi del célebre museo de Ca Pesaro, en Venecia, y también las que mostró allí en solitario, "más onanistas, en monólogo". Unas creaciones, 25 en total, que cartografían hasta el 31 de enero la mente del artista: "Hablan sobre todo de mis obsesiones".

"No hay imagen más hermosa que una persona delante de un lienzo o leyendo un libro"

Roig, que ya iluminó el IVAM con los 800 fluorescentes de Somnium lucis amb la figura ligh dreams en verano de 2008 en la exposición dedicada a Jaume I, impacta de nuevo en el museo con sus figuras de resina de poliéster realizadas con moldes de personas de su entorno. Entre las que su padre y un crítico de arte suelen ser los más frecuentemente martirizados con la depilación y la inmovilidad.

Así, en la galería superior de la sala donde se exhiben sus obsesiones una única figura, la de Repentance exercices, se rebela a base de cabezazos en la pared cuando "se siente acosada por los voyeurs". Mientras, en Diana y Acteón, recrea el deseo mediante un hombre con rostro de ciervo en plena culminación sexual con una mujer agarrada a una barra de stripper.

Muy cerca, una figura permanece de rodillas con la cara helada mientras se descongela poco a poco ante una figura femenina. Otra se mantiene colgada en el techo con unos libros en su hombro. Otra arrastra eternamente un manojo de fluorescentes. Con todas ellas Roig intenta atraer al espectador hacia la soledad: "No hay imagen más hermosa que una persona delante de un lienzo o leyendo un libro, porque está delante de un espejo que le hace ver lo que es". Por ello, el creador invita a contemplarlas con tolerancia, "pero no con las obras que no se merecen ningún respeto", sino con uno mismo.

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Bernardí Roig en el IVAM
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Una de las obras de la muestra Bernardí Roig. Shadows must dance, en el IVAM.- EL PAÍS

 
 
 
 
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