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Cristina, Nacho, el taxista, la filósofa y el poeta

ALFONSO CARDENAL - Madrid - 19/10/2007

 
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El taxista de Toledo que me trae a casa me comenta lo mucho que se está yendo a la mierda la ciudad. No le escucho. Un rato antes un poeta llamado Gabriel me hablaba de versos de Michi Panero. No los recuerdo. En plena calle una filósofa me insiste en la importancia de la originalidad y el punto de vista. Qué razón tiene.

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El ser humano, al menos en su inmensa mayoría, es social y necesita compañía. Los artistas a veces son un mundo al margen. Desde que Elvis hizo corear su nombre por medio mundo, y años después Lennon se proclamase más conocido que Jesús, los músicos han mezclado etapas de autoimpuesta soledad con otras de necesaria compañía.

El peso de la fama, una estrategia comercial, un juego musical, o un encuentro casual son algunas de las razones que juntan a artistas sobre los escenarios.

Dylan pasa los veranos con algunos de sus amigos como Willie Nelson, o más recientemente Elvis Costello.

El 2007 ha juntado en España a dos viejos amigos como Serrat y Sabina, y a dos rockeros como Fito y Calamaro. Y lo han pasado bien, han mezclado sus obras y se han prestado canciones.

Sabina cuenta la gran ayuda que le supone actuar con su primo El Nano, Fito lo mucho que le impresionó ver por primera vez a Calamaro, cuando todavía era un Rodríguez. No sabemos lo que pensó Nacho Vegas (1974) la primera vez que vio a Cristina Rosenvinge (1964), ni viceversa, o lo que les aporta actuar juntos, pero ayer comenzó la minigira que les ha unido alrededor del álbum de duetos, Verano Fatal.

En realidad los dos son muy distintos, se llevan diez años y no coinciden en sus aptitudes musicales, pero juntos quedan bien.

Ninguno es nuevo en esto de los duetos, Nacho viene de grabar y girar con El Tiempo de las Cerezas, el disco que le juntó con el aragonés Enrique Bunbury, y la hispano-danesa aún recuerda los tiempos de Alex y Cristina.

Ella se mantiene joven, él parece mayor. Salen con una banda mixta, ella de negro toca el piano, él con sombrero rasca la guitarra.

El motivo de unión es la segunda edición del festival Rockdelux Music Weekend, y ellos no quedan mal, tocan poco (hay más bandas), se están entonando.

Hay silencio, hay mucha gente. Se presentan y muestran las nuevas creaciones de ese experimento. Ella modesta, él huidizo entre el sombrero y lo pelos que le ocultan. Lo nuevo suena bien, tranquilo, de atardecer en la playa. Correcto.

Acabado el material nuevo que compone el disco, llega la hora de prestarse canciones. Y siguen haciéndolo bien, les falta la complicidad de los enamorados, pero disimulan bien.

Días Extraños, El hombre que casi conoció a Michi Panero, y poco más. No hay tiempo, no hay bises, se hace corto, ya es tarde. Y tres locas lo pasan en grande, y el poeta, y la filósofa, y los artistas, y el taxista que me lleva a casa cagándose en el mundo mientras pienso en lo bonitos que son los dúos.


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