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REPORTAJE

Crónica negra de los Ramones

La muerte violenta de su 'mánager' es el último capítulo en la historia maldita de la banda de 'punk'

XAVI SANCHO - Barcelona - 03/11/2007

 
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La muerte de Linda Stein, representante de la banda neoyorquina Ramones, es el penúltimo eslabón en la trágica cadena de acontecimientos que persigue al grupo desde que en 1996 decidieran separarse definitivamente.

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Linda fue esposa de Seymour Stein, una de las figuras más relevantes de la industria norteamericana del disco y creador de la lista Billboard de los 100 álbumes más vendidos, y la encargada de los asuntos del grupo en los setenta.

Con la llegada de los ochenta se dedicó a ser agente inmobiliaria. Aprovechando los contactos que poseía en la industria del disco, Stein consiguió crear una cartera de clientes en la que se encontraban nombres como Billy Joel, Elton John o Sting.

En el filme Wall Street (1987) aparece un personaje, una modelo que trata de vender un apartamento de lujo al joven yuppie interpretado por Charlie Sheen. Ese personaje está inspirado en Linda, encontrada muerta la madrugada del pasado viernes en su apartamento de la Quinta Avenida con varios golpes en cabeza y cuello. Los vecinos de la finca insisten en que la seguridad del inmueble es total. La policía todavía no ha realizado ninguna detención.

Nunca se pensó que Agatha Christie podría tener un plan para este grupo. Pero los hechos conducen hacia una conclusión diferente. La tragedia se ha cebado con los Ramones, y además siempre ha llegado coincidiendo con celebraciones del legado de la banda, provocando momentos de casi insoportable ironía dramática. Así, hace menos de un mes se editaba un DVD en directo del grupo con el título de It's alive (Está vivo).

La banda que inventó el punk antes de que el movimiento siquiera tuviera nombre fue uno de los catalizadores de la escena musical neoyorquina de los setenta, estructurada alrededor del tristemente desaparecido CBGB, local en el que actuaron grupos como Television o Talking Heads y en cuya esquina se encuentra el lugar de Joey Ramone (cantante de la banda), perfectamente señalizado con una placa con el famoso logo del grupo.

Meses antes de su disolución en 1996, a Joey le diagnosticaron un cáncer linfático. Ni el yoga, ni la vida sana, ni siquiera la sustitución del rock and roll por la especulación financiera lograron mantenerle vivo. Falleció el 19 de mayo de 2001, día de Joey Ramone, como decretó tiempo después el Congreso norteamericano. Durante sus últimas horas escuchó una vez tras otra el tema In a little while (En un ratito) de U2 y pocos meses antes había terminado con tres años de ardua grabación de un disco, Don't worry about me (No os preocupéis por mí), que se editó de manera póstuma.

Un año después, la banda entraba en el Rock and Roll Hall of Fame, una suerte de cementerio de elefantes que en realidad funciona como gran ceremonia de adoración de egos y atracción turística para fans del rock algo despistados.

A los pocos meses, Dee Dee (el bajista) fallecía de sobredosis de heroína. Johnny, el guitarrista, quien había bendecido a la Administración de Bush durante la ceremonia de entrada en el Hall of Fame, moría el 15 de septiembre de 2005, el mismo día en que se estrenaba End of the century (Fin de siglo), el primer documental sobre la carrera de los creadores de Rockaway beach.

El título del documental coincide con el del álbum que el mítico Phil Spector produjo para la banda en los ochenta, durante cuyas tormentosas sesiones de grabación el creador de Be my baby llegó a perseguir a la banda con una pistola. Ese mismo 15 de septiembre se inauguraba en Berlín el único museo dedicado a la vida y milagros del cuarteto de Queens.

El único miembro de la formación que grabó el disco debut del grupo (Ramones, 1976) que sigue con vida es Tommy Ramone, quien pasó de manager a batería del grupo. En la actualidad, se dedica a girar por el circuito de bares de Nueva York y Connecticut con su banda de bluegrass. Parece que goza de buena salud.

Lo mismo que Marky Ramone, su sustituto a la batería en 1978 y quien más descaradamente sigue aprovechando el legado de la banda, consistente en canciones de tres minutos, pantalones pitillo, chaquetas de cuero negro y el inconfundible grito de guerra Hey ho let's go! Sigue girando con sus Ramones de juguete, haciendo de disc jockey y conduciendo un programa de radio en su Nueva York natal. En cuanto a J, el último bajista del legendario combo -y que se unió a la banda tras desertar de los marines-, también sigue vivo. Como rezaba el cartel promocional del filme Los Inmortales: sólo puede quedar uno.


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