Jueves, 12/11/2009

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REPORTAJE

Dandis, bohemios y otros arquetipos de lo literario

Un ciclo de conferencias disecciona la vida intelectual de los últimos siglos

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS - Madrid - 23/01/2009

 
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Escritores bohemios y malditos, héroes triviales y marginales, esnobs y hombres que anteponen su razón a cualquier poder o moda. El bohemio, el dandi, el esteta y el librepensador son arquetipos literarios que el tiempo ha desdibujado de diferente manera. Cuatro figuras en manos de cuatro escritores dispuestos a diseccionarlas. Fernando Savater, Félix de Azúa, Luis Antonio de Villena y José Carlos Llop analizan, en un ciclo de cuatro conferencias programadas por la Fundación Juan March de Madrid, cuatro figuras que conforman la vida intelectual de los últimos siglos.

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Hoy el dandi está más cerca del mundo del corazón que de Baudelaire

Fernando Savater arrancaba el martes con el ciclo de charlas, que ayer continuó Félix Azúa y que se cerrará la semana próxima con De Villena (día 27) y Llop (29). "Todo pensar que no es libre no debe llamarse pensamiento", afirmó Savater ante una sala entregada a una conferencia sabia y chispeante. ¿Y qué significa hoy ser un librepensador?, se pregunta Savater antes de responderse que, frente al elogio público al librepensador, está el poco aprecio "real" por todo el que cuestiona el mundo que le rodea: "Hay gente que adora a los librepensadores del pasado y detesta a los del presente".

El hombre que nace con la edad moderna, el hombre que se "atreve" a pensar y que entra en la edad adulta de la historia al sacudirse la tutela de las autoridades. Irreverente ("el exceso de reverencia es incompatible con el librepensador") y militante ("uno piensa para algo"), Savater cita a Chesterton y la "tiranía" del futuro: "el verdadero librepensador se enfrenta por igual al pasado que al futuro, sobre todo en un mundo en el que nos preocupa más el qué dirán que el qué dijeron. La pasión por agradar está enfrentada al librepensador". Y, finalmente, "lo más difícil de todo: pensar contra uno mismo".

Si el librepensador mueve sus ideas con dificultad por este siglo, el dandi -según el escritor Félix de Azúa, un asunto en apariencia "trivial" pero en realidad muy profundo- lo hace convertido en un esperpéntico esqueleto. "El dandi es una figura que nos prepara para el origen de una mercancía que hasta entonces no existía y que es la del propio cuerpo", afirma Azúa. Si el embrión lo encontramos en figuras como Baudelaire, su traducción en el mundo presente estaría más cerca de la moda o del mundo del corazón.

¿Sus rasgos? El artificio en el plano estético y la inutilidad en el moral, el yo como principio y fin de todo. El dandi formaba parte de la familia de los héroes triviales, inadaptados al sistema, aferrados a los paraísos artificiales de Baudelaire. Asunto fundamental en la filosofía social del siglo XX, Azúa habla de Walter Benjamin y de Giorgio Agamben para definir el viaje al presente de ese arquetipo ("otra de las múltiples figuras construidas por la burguesía para sustituir los valores de una aristocracia decapitada") hoy fatalmente tocado de muerte.

Para el poeta y novelista mallorquín José Carlos Llop, el esteta es "el más nebuloso" de los cuatro arquetipos escogidos. Dividida en dos partes, su disección de la figura arranca con un "merodeo" histórico para luego detenerse en una figura: la del autor de Bearn, obra cumbre de Llorenç Villalonga. "Esteta es una voz que ni siquiera acepta el María Moliner", afirma Llop, que al definir al esteta ("forma fundamental en el artista adolescente") señala obras que por sí mismas definen esa figura. Del Barry Lindon, de Kubrick, a Muerte en Venecia, de Visconti. "En ellas está la voluntad de retener la belleza porque se frena el paso del tiempo. En el esteta está la voluntad de trasladar el paraíso al presente".

Explica el poeta y ensayista Luis Antonio de Villena que todos los arquetipos que se abordan en este ciclo de la Juan March están de alguna manera conectados entre sí. Él analizará el próximo martes al maldito y al bohemio: "La tradición del malditismo, que empieza en el siglo XIX, es un producto del romanticismo, esa idea de la persona que se sentía contraria al orden establecido". Un hombre antisistema total del que es perfecto ejemplo Lord Byron, guapo, rico y tocando siempre el mal, "que para él significa el bien". Una nómina larga de escritores llena de malditos, "porque no es lo mismo un maldito del simbolismo que uno surrealista que uno actual". Finalmente, la bohemia, o lo que se llamó "la golfemia", se enfrenta al ideal de la sociedad de consumo. Hombres que entre la miseria y la más exquisita elegancia querían construir un mundo más cerca de lo artístico y lo excepcional. "Algo", concluye el poeta, "que hoy tanto se ha olvidado".


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