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Diario de Los Ángeles

Gregorio Belinchón, enviado especial de El País, relata los momentos previos a la gala de los Oscars 2009

GREGORIO BELINCHÓN - LOS ANGELES - 22/02/2009

 
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Calentando motores

¿Cómo se sabe que se celebran en Los Ángeles los Oscars? De ninguna manera… excepto por algunos carteles publicitarios y los periódicos. Por un lado, la Academia quiere como sea aumentar la audiencia televisiva y para ello anuncia grandes sorpresas. Por otro, los espectadores han huido de una ceremonia que califican como “estática” y que cada vez para interesar más fuera de Estados Unidos y menos aquí. Ayer en Los Ángeles, sólo los intentos de los turistas de captar fotos del montaje de la ceremonia podían hacer sospechar el revuelo del domingo. Con la alfombra roja bien protegida con plásticos y con una monumental pérgola que salvará a las estrellas de las inclemencias atmosféricas, y con los laterales cerrados con muros negros que esconden así de las miradas las obras, cualquier movimiento de gigantes estatuillas o de gente –aunque sean periodistas que así memorizan el camino de llegada a su asiento- provoca un gran revuelo de turistas. En este homenaje al cartón piedra que es teatro Kodak y su centro comercial adyacente, parece casi obligado que se celebrarán los Oscars. No importa el arte, sino que Hollywood parezca un remanso de riqueza y ciertos valores como la nostalgia y el respeto a la mitología cinematográfica. Que parezca, porque en realidad… Por cierto, como es habitual, los periodistas deben ir de smoking, y a las periodistas… a las periodistas la organización les ha pedido vestido de gala con una largura que al menos llegue hasta debajo de las rodillas. Y eso que el de la estatua sólo se cubre con una espada. Pero desde hoy jueves, las cosas cambiarán. Los premiados empezarán a llegar, arrancan las pequeñas celebraciones –recorte de gastos parece el lema de la presente campaña- y Penélope Cruz dedicará dos días a rodar un anuncio.

Video: así se prepara la gala

Un suspiro del making of de la ceremonia de entrega de los Oscars 2009 en esta grabación con teléfono móvil.

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Y esta noche, ¿qué cenamos?

Hasta Brad Pitt es humano. Si la ceremonia de los Oscar dura tres horas, y sólo ha podido escaparse de tapadillo al servicio, cuando acabe (y pensando que con vestirse, prepararse y salir al atasco de limusinas ya ha estado toda la mañana sin almorzar) cualquier asistente a la gala saldrá con hambre. Y por eso, nada mejor que el baile del Gobernador. El baile, en el que sí hay música, pero no coros y danzas, se celebra justo al lado del teatro Kodak y sirve para que los invitados repongan fuerzas antes de irse a las fiestas de rigor. Ayer jueves se presentó en Hollywood la comida y la bebida que se disfrutará en tan magno encuentro. Dentro de la tienda de campaña que antecede a la alfombra roja (y que la tarde de los Oscar servirá para que las estrellas se retoquen después de bajar de su transporte y antes de ponerse a hacer el paseillo), los bodegueros y el cocinero Wolfgang Puck -una especie de chef de las estrellas y encargado habitual del evento- presentaron sus productos. El menú, creado por Puck junto con la pastelera Sherry Yard, comenzará con unos entrantes que incluyen minihamburguesas, atún picante con salsa tártara, pastel de cangrejo, pizza de salmón ahumado con caviar o trufas negras, además de sushi, gambas, langosta, ostras y mejillones. Las pizzas tienen una base en forma de estatuilla -faltaría más- y, asegura Puck, reponen rápidamente. La cena tendrá cuatro platos: ensalada asiática con vegetales, salmón ahumado con delicias vietnamitas, sopa de calabaza y coco y un plato más, a elegir entre carne o un risotto vegetal. De postre, más estatuillas: figuritas con la silueta del Oscar bañadas en chocolate. El catering servido por Puck, con 900 personas a su cargo, será deglutido por 1.500 invitados, que podrán dar buena cuenta de las 7.200 gambas, las 1.200 ostras, los 544 kilos de langosta, los 227 kilos de salmón o los 68 kilos de sushi que se servirán durante la velada. De acompañamiento, 1.200 botellas de champán Moët & Chandon y 1.512 botellas de vino Sterling (en versión blanco y tinto). También habrá cócteles (con pinta de poner más a tono que las pizzas). Mientras Puck presentaba su menú, Penélope Cruz dedicaba el jueves a la primera de las dos jornadas en las que rodará un anuncio. Ya queda menos para la tarde del domingo en el teatro Kodak.

Hubo un tiempo en Los Ángeles...

Ya ha acabado el montaje de la alfombra roja en Hollywood boulevard. La cadena de televisión ABC se ha tomado con resignación la pinza comercial que le supone por un lado la cacareada crisis económica y por el descenso de la audiencia televisiva y por ello ha rebajado el costo de los anuncios que se emitirán en la gala: si el año pasado se pagaron 1,7 millones de dólares por 30 segundos, en esta edición el mismo periodo de tiempo cuesta 1,4 millones. Lógico, porque si en 2007 vieron la gala 40 millones de televidentes en EE UU en Estados Unidos, en 2008 se pusieron delante de la pequeña pantalla 32 millones. Y Hugh Jackman ha memorizado sus movimientos en el escenario (confirmado, canta y baila, o al menos así se anuncia en este video colgado en Los Angeles Times). Y sin embargo, hubo un tiempo en el que a la industria del cine no le interesaban ni la tele ni la publicidad. No queda mucho rastro del viejo Hollywood: algún edificio por aquí y por allá, los teatros Egipcio y Chino, erigidos por Sid Grauman, el cementerio Hollywood Forever, que aún admite fallecidos hoy y en cuyo suelo –justo al lado de los estudios Paramount- reposan Rodolfo Valentino, Cecil B. DeMilles, Douglas Fairbanks o Tyrone Power. En los años 30 el pueblo de Hollywood era para vivir y para trabajar, y los grandes estrenos se realizaban en Broadway, pero en el Broadway angelino, que recorre el Dowtown de norte a sur. Al contrario que en las ciudades europeas, y sí al estilo estadounidense, el centro de Los Ángeles no es precisamente el ombligo de la ciudad. Hace mucho tiempo que vive su decrepitud. Curiosamente a muy pocos metros está el centro financiero de Los Ángeles, que bulle de día y reposa en absoluto silencio por la noche, y no mucho más allá la catedral católica, obra de Rafael Moneo, el Walt Disney Concert hall, diseñado por Frank Gehry, y el Dorothy Chandler Pavillion, durante años casa de los Oscars. En la calle Broadway edificios imponentes de art deco están sin embargo vacíos en su interior y sólo mantienen vida sus fachadas monumentales y sus bajos, repletos de tiendas de chicanos donde se venden sobre todo ropa, vestidos de gala para la fiesta de las quinceañeras –la puesta de largo aquí- y música. Un buen recorrido empezaría por el edificio Bradbury que sigue manteniendo su esplendor original. Se llama así en honor a quien pagó su erección, el magnate minero Lewis Bradbury, y todo cinéfilo debe acercarse porque en su interior se rodó Blade runner, y en su tejado la secuencia de la muerte de Decker (“yo he visto…”). En realidad, todo el barrio, en los días de lluvia, parece un decorado del filme de Ridley Scott. Enfrente se encuentra el Gran Mercado Central, repleto de puestos para cenar y con aroma también a androides y replicantes, y a su lado, el primero de los grandes teatros, el Million Dollar, levantado por Grauman antes de llevarse el negocio a Hollywood. Más abajo se suceden los espectaculares Roxy, Palace, Globe, Tower (donde se estrenó El cantante de jazz, la primera película sonora), Los Angeles (donde, con la presencia de Albert Eisntein, se estrenó Luces de ciudad, de Charles Chaplin), Orpheum y United Artists (cuya construcción pagaron Mary Pickford, Chaplin y Dougkas Fairbanks). Algunos son ahora iglesias, el United es la sala de actos de una telepredicadora, otros se dedican a bailes de gala y la mayor parte están cerrados. Al final de esas diez manzanas de ex gloria el espectacular Empire Columbia, con sus fachadas turquesas y sus adornos art deco obligan al visitante a reflexionar que hubo un tiempo en que aquí se hacian los estrenos con cañones de luz y famosos. Hoy, se oyen rancheras y, sorpresa, alguna canción de Alaska y los Pegamoides.


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VIDEO - GREGORIO BELINCHON - 19-02-2009

 
 
 
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