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CRÍTICA: Rock

Elogio de la empatía

IÑIGO LÓPEZ PALACIOS 16/04/2008

 
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"Podéis hablar mientras cambio la cuerda". Micah P. Hinson se tomaba tiempo en sustituir el cordaje roto de la guitarra y el público debatía si eso era su encantador amateurismo o una ofensa a las 1.000 personas que pagaron entre 17 y 20 euros.

Micah P. Hinson

Sala Heineken. Madrid, 14 de abril.

Micah P. Hinson, guitarra y voz, Nick Phelos, batería, banjo; Justin Cope, teclado, bajo.

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Disculparle dependía más de la capacidad de empatía del espectador que de otra cosa. Al fin y al cabo, ese tejano de 27 años con cara de pillo, no es más que un doliente cantautor desconocido en su país (cuando dijo: "Gracias, si no fuera por vosotros tendría que volver a limpiar servicios", no era un chiste). España es de los pocos lugares donde su culto, gracias al boca a boca, le permite una gira de 10 fechas en locales de aforo mediano.

Con un traje negro y corbata blanca, fumando sin parar, mira asombrado. Nadie le ha explicado que sus canciones a medio camino entre Johnny Cash y Nick Cave, su voz rasgada y profunda que tanto recuerda a Tom Waits, y sus letras sobre amores imposibles poseen una belleza hipnótica.

Pero sobre el escenario, en formato trío, reducidas a un esqueleto básico, pierden algo de magia. Hinson, solo o con sus dos compañeros, avanza a trompicones. Durante casi dos horas su desgarrada forma de interpretar acaricia por momentos un clímax que se aleja por culpa de largas pausas para afinar, fumar o contar anécdotas de su azarosa vida y su mala suerte (el día anterior le habían robado en Sevilla el pasaporte y la medicación para su dañada espalda). Por cada momento de brillantez hay un brusco frenazo. Largos segundos de tedio. A cualquier otro no se lo hubieran permitido. Pero todo es cuestión de empatía. Y en la sala había mucha. Cuando se retiró los aplausos fueron atronadores. Y Hinson volvió a interpretar This old guitar, de John Denver, la canción que durante años fue lo único que tuvo en común con su padre. Y cantó Esta vieja guitarra es mi vida y mi sustento lleno de ternura y gratitud.

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