VICENTE VERDÚ 23/10/2009
Cuando Juan Cruz titula su libro Egos revueltos bien se entiende entre escritores que se trata de ese apetitoso plato donde los huevos toman un protagonismo más que esencial y que, batidos o amontonados, terminan sabiendo más de la cuenta. De esa manera burlona y amorosa alude Juan Cruz a unas docenas de grandes autores españoles y latinoamericanos que pudo conocer en su salsa y saborear sus buenos y malos modos, digerir sus extravagancias y finalmente metabolizarlos no sólo como material de primera calidad para el periodismo, sino para emocionarse directamente con sus enfermedades, sus limitaciones y sus desdichadas muertes.
"En ese libro me di cuenta de lo cerca que está la despedida"
"He sido un acompañante, en mi vida privada y profesional"
No hace falta decir que Juan Cruz es tan buen narrador que nos hace llorar cuando le da la gana y que cuando aún no hemos terminado de sorbernos las lágrimas, nos aboca sin remedio a reírnos con mil anécdotas y a ser de nuevo felices. Felices como cuando leíamos a estos formidables personajes y aún más, ahora, cuando les vemos, sin cesar, carcajearse entre ellos o a su costa en esta obra excelente, tan sencilla y tan difícil, que sólo una vida profesional tan laboriosa e irrepetible como la de Juan Cruz podría alcanzar para servir este suculento plato.
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Texto
- 23-10-2009| Hora | Noticia |
|---|---|
| 01:08 | La lluvia en Brighton |
| 01:03 | ERLICH |
| 00:52 | RAMÓN |
| 00:23 | Del Potro, a la final |
| 00:03 | Reacción insuficiente |