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CRÍTICA: ÓPERA

La Fura celebra a Stockhausen

J. Á. VELA DEL CAMPO - Viena - 14/05/2008

 
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Las Wiener Festwochen no se han andado con chiquitas este año. Han comenzado el lunes su programa de ópera y teatro musical con El viaje de Michael, segundo acto de Donnerstag (Jueves). Esta ópera forma parte de la monumental Licht (Luz), obra de 29 horas de duración dividida en siete partes como los siete días de la semana, que ocupó a Stockhausen desde 1977 a 2003. Donnerstag se estrenó en la Scala de Milán en 1981, con Ronconi y Aulenti de responsables teatral y escenográfico. A mediados de esa década la ópera se escenificó en el Covent Garden de Londres y ahora el segundo acto se pone en escena por primera vez en Viena, con La Fura dels Baus, en el contexto de una programación operística en la que es la obra más antigua, pues a ella le seguirán títulos de Wolfgang Rihm, Hans Werner Henze y George Benjamín. A Stéphane Lissner, director de la programación musical de este festival, no le ha temblado el pulso.

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Además la ópera se representa en el Jugendstiltheater, a las afueras de Viena, un centro de programación más o menos alternativa que se encuentra en el interior de un sanatorio psiquiátrico a la sombra de la imponente iglesia estilo Sezession, de san Leopoldo del Steinhof, de Otto Wagner, y justo al lado de un monumento luminoso en honor a los niños muertos utilizados como material de experimentación en la II Guerra Mundial en el pabellón contiguo. El público de la première y la plana mayor de la crítica europea mostraron su conformidad a juzgar por las entusiastas ovaciones finales.

La Fura dels Baus ha encontrado en Stockhausen la horma de su zapato. La fusión entre la música cósmica del compositor alemán y el lenguaje tecnológico-futurista de La Fura es impresionante. Hay que tener en cuenta que se trata de un acto puramente instrumental, dentro de la división del personaje de Michael, realizada por Stockhausen, en una voz, un instrumento musical y un cuerpo, o lo que es lo mismo, un tenor, un trompetista y un bailarín. En el viaje por Centroeuropa, Nueva York, Japón, India, África Central, Bali y Jerusalén de este acto, el papel protagonista corresponde a la trompeta aunque tienen teatral y musicalmente sus momentos destacados el clarinete bajo, el clarinete, la tuba, el contrabajo, los trombones y el violín, desenvolviéndose todos ellos -miembros del imponente musikFabrik, de Colonia- como avezados actores. El trompetista Marco Blaauw vuela a lo largo, ancho y alto del escenario a bordo de un artefacto furero y se complementa su estética por un excepcional y sugerente trabajo videográfico, sobre un telón transparente y sobre una pantalla parabólica, de Franc Aleu. La Fura, a las órdenes de Carlos Padrissa, funciona como un mecanismo de relojería e incluso se permite algún detalle de humor fino. La orquesta está colosal con Peter Rundel. Además todo se beneficia de la competente dramaturgia del sacerdote Thomas Ulrich, especialista en Cage y Stockhausen. El espectáculo se verá en Colonia coincidiendo con el que habría sido el 80 cumpleaños de Stockhausen si no hubiese fallecido en diciembre y después irá a la Bienal de Venecia.

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