NATALIA MARCOS - Madrid - 09/09/2009
"Creo que fui genéticamente programado para escribir". Así explica el escritor Juan Goytisolo su pasión por la literatura en la charla que ha mantenido con los lectores de ELPAÍS.com. El autor e intelectual ha desentrañado en la charla algunos de los misterios de su nuevo libro, Genet en el Raval, además de comentar la actualidad nacional y de la cultura islámica, de la que es un gran conocedor.
A la pregunta de qué espera de un libro, Goytisolo no ha dudado: "lo que espero es que me sorprenda. Leer un libro que es previsible de principio a fin, que no te obliga a reflexionar y releerlo, no me interesa. Lo que procuro no es tener un gran número de lectores, sino el mayor número posible de relectores".
Pero no sólo la literatura ha sido tema de las preguntas dirigidas por los lectores a Goytisolo. El problema de la prostitución callejera en Barcelona también ha aparecido en la charla, ante lo que el escritor se ha mostrado claro: "Yo estaba en Barcelona cuando se levantó la polémica por las fotos de EL PAÍS. Hubo una redada y las prostitutas simplemente se trasladaron a otros barrios. Es un problema muy complejo que hay que atacar de fondo". Otro de los lectores le ha preguntado su opinión sobre el juicio a Baltasar Garzón por la investigación de los crímenes del franquismo. "Me parece un escándalo este juicio. En el terreno jurídico creo que tiene toda la razón. Mientras no hayan cicatrizado todas las heridas causadas por los crímenes de la represión franquista, hay que reivindicar la tarea de sacarlos a la luz".
Un internauta preguntaba al autor de Señas de identidad su visión del actual barrio del Raval. "Cuando voy a Barcelona me gusta sentarme junto al enorme gato de la nueva rambla del Raval y allí charlar con un camarero turco en su idioma, con un magrebí... Me encuentro muy bien allí".
Sin embargo, Goytisolo reside la mayor parte del año en Marrakech, y sobre la situación en Marruecos también se han interesado los lectores. Uno de ellos se refería al posible parecido entre Marruecos y la España de los años 80: "El parecido es relativo. Hay una tentativa de democratizar de una forma parcial la autoridad del gobierno marroquí. Pero sigue habiendo una distancia muy fuerte entre las personas que poseen mucho y las que poseen muy poco [...] La razón por la que vivo gran parte del año en Marrakech es por la simpatía hacia el pueblo marroquí, no por ningún sistema político o religioso. Además, en Marrakech me es posible a la vez trabajar y vivir, cosa que no ocurría en París, en Madrid o en Barcelona".
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