ÁNGELES CASTELLANO G. - Madrid - 08/08/2008
El aforo de los Jardines de Sabatini no se llenó, pero el público se entregó anoche a Lole Montoya, la que fuera integrante del dúo Lole y Manuel. Ella ofreció un recital íntimo, acompañada de buenos músicos y por tres mujeres de su familia, su hermana Angelita, su hija Alba y Lucía Merino, que le hicieron palmas y coros. Su voz sigue teniendo la dulzura de sus comienzos con Manuel Molina, una voz de niña que se quebró anoche en algunos momentos de emoción.
Lole se mostró contenida en las primeras canciones que ofreció en un concierto que forma parte del ciclo de flamenco de Los veranos de la Villa de la capital. Su voz fue la protagonista, la percusión de Francisco Santos y las guitarras de José Acedo y Manuel Moreno, Morao, a penas susurrantes en algunos de sus éxitos pasados como Semejantes y Primero el hombre poeta, pertenecientes a su disco Ni el oro ni la plata. También en Dime, de su etapa con Manuel Molina, canción que ella confesó que le hace "mella en el corazón" cada vez que la interpreta.
El público comenzó a animarla tras su interpretación de la bulería Con ojos de menta, o El pajarillo, como ella confesó llamar a la canción cariñosamente. Lole dejó paso, lentamente a la emoción, y confesó sentirse feliz por estar acompañada por sus músicos, "unos niños tan jovencitos y dos músicos invitados que son muy atrevidos". Se refería al contrabajista Yelsi Heredia y al pianista Pepe Rivero, que se fue creciendo y llegó a ofrecer casi al final de las dos horas de concierto una auténtica lección magistral en un tema que, tal como confesó la propia Lole, era la primera vez que interpretaban en público.
El saber hacer flamenco de Lole llegó por alegrías, con Brisa de la mar, de su último disco, Metáfora, del que también interpretó los tangos Canto al silencio y la bulería La plazuela, un homenaje a su padre Juan, bailaor de Triana. El público se volcó con ella, le llovieron los "¡olés!" y los piropos, que ella agradeció y llegó a comentar. El ambiente se fue calentando. Lole dio paso a su hermana Angelita, que interpretó una soleá en uno de los momentos de mayor emoción del a noche, con una voz rotunda, grave, cargada de sentimiento y de fuerza.
Con el ambiente ya caldeado, Lole continuó su recital por bulerías, entre las que no faltaron letras en árabe y de temática religiosa, que Lole quiso dedicar a unas primas que estaban entre el público. El broche incluyó una pataíta, como no podía ser menos, propia y de su hija. Con el público en pie ovacionándola, no pudo Lole resistirse a hacer un bis único, breve y emotivo, interpretando uno de sus temas favoritos y de mayor éxito, Un cuento para mi niño.
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