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Kabul, memoria del saqueo

El director del Museo Nacional de Afganistán relata cómo salvó sus tesoros artísticos

ISABEL FERRER - Maastricht - 08/03/2008

 
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Memoria e identidad cultural son dos términos capaces de resistir en las peores condiciones históricas y, a veces, con valedores entregados. Es el caso de Omar Khan Massoudi, director del Museo Nacional de Kabul e invitado de excepción en la Feria Internacional de Arte de la ciudad holandesa de Maastricht (TEFAF).

Los tesoros de Kabul

FOTOS - National Museum of Afghanistan © musée Guimet/Thierry Ollivier - 07-03-2008

La máscara de la cañería. Afganistán es más que guerras y destrucción. El país contiene un legado cultural impresionante, debido a su situación estratégica entre las rutas comerciales que comunicaban Occidente con Oriente. Todas las culturas que recorrieron aquellos caminos dejaron su marca en Afganistán, que se convirtió así en un crisol de civilizaciones en Asia Central. Prueba de aquel esplendor son los restos arqueológicos hallados en su territorio. El museo holandés Nieuwe Kerk (Ámsterdam) expone ahora una muestra con 250 piezas del patrimonio arqueológico afgano. Las piezas proceden de las cámaras acorazadas del Banco Central, situado en Kabul, donde fueron ‘redescubiertas’ en 2004. El conjunto fue trasladado en 2006 a Europa para su restauración y exposición. En la imagen, adorno de cañería con la forma de una máscara de teatro. Afganistán, Ai Khanum. Fuente del Oxo, siglo II d. C., Arcilla blanca. 21 x 40 x19 cm, Museo Nacional de Afganistán. Ai Khanum fue una ciudad fundada por los griegos tras la campaña de conquistas de Alejandro Magno y que llevó el Helenismo a la estepas (Siglos IV y II a. C.)- National Museum of Afghanistan © musée Guimet/Thierry Ollivier

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El 70% de las obras del Museo de Kabul ha sido destruido o esquilmado

El Tesoro de Bactria permaneció escondido durante varios años

Responsable de la salvación de piezas esenciales de la historia afgana a manos de los talibanes, su defensa de la protección internacional de los patrimonios artísticos dejó ayer una profunda huella de dignidad entre los marchantes y coleccionistas más selectos del mundo.

El contraste no podía ser mayor. Discreto hasta la humildad, Khan Massoudi, de 57 años, destacaba por ambas razones en un encuentro anual dedicado a la exhibición y venta de antigüedades, únicas y bellas, en un entorno lujoso y sereno. Sobre todo lo último, porque el trabajo de este licenciado en Geografía e Historia y antiguo profesor de secundaria, que ha dedicado el resto de su vida profesional al Museo Nacional de Kabul, no ha podido ser más agitado. Con el 70% de sus obras -en 1970 llegó a tener 100.000- destruidas o saqueadas "hacer inventario es hoy una labor prolija e indispensable para preservar nuestra identidad", asegura. Apoyándose en una lista de las fechas que han marcado al museo, repite, con más rabia que amargura, que tres décadas de conflictos son demasiadas para que las nuevas generaciones conozcan el pasado. "Muchos de los mayores tuvieron que huir. En cuanto a los jóvenes, casi ignoran su historia y es preciso preservarla para darles un futuro".

Desde la intervención soviética en 1979, que duró diez años y causó dos millones de muertos, la caída de los comunistas en 1992 y la guerra civil posterior, la entrada de los talibanes en Kabul en 1996 y su caída en 2001, todo han sido peligros para la colección del Museo Nacional. Algunos insuperables, como la destrucción de las imágenes a manos de un grupo especial del régimen talibán por considerarlas impías. Es el caso de los famosos budas greco-budistas del valle de Bamiyan (a 230 kilómetros de la capital afgana) y Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. "Fue un periodo negro. Veníamos de tanta guerra anterior... Aunque nos opusimos a la violación de nuestros fondos, no pudimos evitar la pérdida de 2.500 objetos", dice Massoudi. A continuación, y sin mencionar el evidente riesgo que corrió junto a varios colaboradores, explica que escondieron durante años los tesoros de los yacimientos arqueológicos de Tepe Fullol, Ai Khanum, Tillya-tepe y Begram. "Hacia 1988, nada estaba seguro en Afganistán. De acuerdo con el Gobierno del entonces presidente Najibullah, trasladamos, a dos depósitos del centro de la ciudad, obras clave del legado afgano. Entre ellas, el denominado Tesoro de Bactria".

Dicho reino antiguo, situado entre las actuales repúblicas de Uzbekistán y Tayikistán, formó parte del imperio persa, fue conquistado por Alejandro Magno y recibió influencias griegas, chinas, persas e hindúes. El oro de Bactria salió de las sepulturas de un guerrero y cinco mujeres de unos treinta años, fechadas alrededor del segundo milenio antes de Cristo. Descubierto en 1978, la riqueza de sus adornos lo equipara a la tumba del faraón Tutankamon. "Guardamos el secreto del escondite durante años. Callamos incluso cuando se decía que había sido llevado a Rusia tras la invasión. Sólo se supo que aún existía años después, al anunciarlo en 2004 el actual presidente Karzai", recuerda el director afgano. El inventario subsiguiente devolvió 22.607 piezas al catálogo, que suma hoy 47.000. Entonces, varios países mostraron su deseo de exhibirlas y Kabul habló con el museo Guimet, de París. Dicho centro excava y exhibe arte afgano desde hace décadas y se acordó la cesión de unas 250 para una exposición itinerante.

Llevada a Francia e Italia, ahora pasa por la Iglesia Nueva de Amsterdam. El montaje, en el que han colaborado el fondo holandés Príncipe Claus, y la ONG Oxfam Novib, traduciendo al pastún y al dari (lenguas locales) los catálogos para uso escolar, resulta espectacular. A los ricos adornos funerarios de Bactria se suman figuras de marfil de diosas fluviales, capiteles corintios, joyas y máscaras teatrales de piedra caliza. También hay una diosa griega Afrodita con detalles hindúes, que evidencia el cruce de culturas que ha sido Afganistán. Una tierra en la ruta de la seda entre China e India, más cercana a Occidente de lo que parece, por culpa de su convulsa historia reciente como república islámica. Estados Unidos será la siguiente parada de la muestra.

Robo millonario en Maastricht

Las alarmas no han saltado a tiempo este año en la Feria Internacional de Arte y Antigüedades (Tefaf) de Maastricht, que se ha llevado un susto mayúsculo. Inaugurada ayer, el pase para invitados celebrado el jueves se saldó con el robo de una gargantilla antigua de diamantes valorada en 1,2 millones de euros.

El asalto tuvo mucho de cinematográfico, con una puesta en escena en la que dos mujeres de origen latinomericano se interesan por las joyas de uno de los anticuarios; acto seguido, un collar desaparece y las dos sospechosas echan a correr hacia la puerta secundadas por un varón. La sorpresa fue que, una vez detenidos los tres, ninguno llevaba encima la valiosa pieza.

La feria es la más importante del mundo en su clase y en la presente edición hay dos obras maestras de gran valor. La primera es un cuadro de Vincent van Gogh valorado en 20 millones de euros. La otra, un pequeño autorretrato de Rembrandt, el único que queda en estos momentos en el mercado, y sale a la venta por 18 millones de euros. Son las estrellas de la cita, pero las joyas siempre han atraído al público porque suelen ser de gran calidad y diseño.

La policía holandesa no dio ayer detalles sobre la investigación iniciada tras el arresto, pero presume que se trata de una banda organizada. Así, mientras las mujeres distraen al vendedor, un supuesto tercer cómplice también forma parte del plan para confundir a los agentes de seguridad. Lo extraño es que no sonara ningún timbre, porque se supone que alguien salió con la joya entre sus pertenencias en medio del desbarajuste.

Aunque ayer la seguridad se había reforzado, el espectáculo del arte, cuyo volumen de ventas aumentó en un 95% entre 2000 y 2006, no se detuvo. La Feria de Maastricht se llenó.


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