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JUAN CRUZ El adiós a un creador

Pesimista certero y dubitativo

JUAN CRUZ 22/11/2007

 
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Mayéutico, dubitativo, pasó por la vida haciendo creer que estaba seguro de todo. Y sin embargo sólo estaba seguro de lo que acaba de ocurrirle. Su indignación, cuando le importunaron, que fue muchas veces, era su modo de tachar el mundo que venía, un mundo en el que ya estuvo definitivamente incómodo: el de las preguntas estúpidas, el de la intimidad asaltada por un titular de basura, es decir, de mierda.

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Tengo algunas imágenes suyas. La primera, él está en un automóvil pequeño, de madrugada, por la Castellana, en Madrid. Ya es mayor y tiene sus ojos fijos en un papel; es un guión. Le espera el final de la madrugada en una película que se hace en la sierra. A él le toca decir una frase y volver, y la memoriza, a los 80 años, como si fuera a perder el empleo.

Ahora está, en esta otra imagen, recibiendo un encargo para escribir una serie de radio. Es tarde, pero él sigue preguntando y dudando, y al final se pone un dedo en la sien, ha tenido una idea, está feliz; retira de su alrededor todas las cenizas y los platos y dibuja sobre el mantel lo que va a hacer luego, Las bicicletas son para el verano. Nadie le interrumpe; cuando acaba su entusiasmo dice: "Bah, luego todo es para nada".

Carta de un editor

Esta vez recibe una carta de un editor. Le piden que sea cualquier cosa en una película, La lengua de las mariposas, a partir de un cuento del escritor Manuel Rivas, guión de su amigo Rafael Azcona y de su amigo José Luis Cuerda. "Puede ser aquí el niño, el maestro, el director". Fue el maestro, acaso su último gran papel, un símbolo de su modo de estar, muchas veces, en este mundo en el que se apedrea a los maestros con piedras y también con preguntas estúpidas.

Ahora está, en esta memoria con imágenes, empuñando un vaso de whisky. Se acaba de estrenar Pepe Guindo, él es el actor solitario que busca refugio a partir de la nada. Antonio Resines hace apuestas con él: quién la va a ver. "Nadie", dice Fernando. Acierta.

Su pesimismo acertó siempre. Su risa era triste, como si le pesara el pasado. En esta imagen está él jugando de niño, bajo la guerra, junto a Eduardo Haro, su amigo. Allí se heló la sonrisa, allí nació la rabia de un caballero contra las piedras y contra las preguntas estúpidas.

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