JOSÉ HIERRO 23/07/1999
Cuando muere un gran poeta las cosas que se dicen parecen fórmulas de cortesía, y en este caso las palabras quedan desvalorizadas porque Claudio Rodríguez sí era gran persona y gran poeta. A partir de él hay un cambio de rumbo en la poesía española; no es que ésta se transforme, pero, sin disentir de la que hacían sus hermanos mayores, sí toma otra dimensión distinta. Su poesía está iluminada por una extraña claridad, posee un aspecto mágico. Nos habla de lo cotidiano y, misteriosamente, sin saber por qué, todo es demasiado raro, extraño e inquietante como para que sea la simple descripción de una realidad.
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