Retrato de artista con demonios
La señora Parker y el círculo viciosoMrs. Parker and the vicious circle. Dirección: Alan Rudolpli. Guión: A. Rudolpli y Randy Sue Coburn. Fotografía: Jan Kiesser. Música: Mark Isham. Producción: Robert Altman,
EE UU, 1994. Intérpretes: Jennifer
Jason Leigli, Campbell Scott,
Matthew Broderick, Sam Robards, Martha Plimpton, Wallace Shawn, Jennifer Beals, Andrez McCarthy, Tom McGowan. Estreno en Madrid: Pompeya e Ideal Multicínes (V. 0.).
Se llamaban Alexander Woolcott o Frank Benchley, Charles MacArthur, Robert E. Sherwood o Harold Rossa; Edna Ferber, Neysa McMein o Dorothy Parker. Eran periodistas, aspirantes a escritores, pintores, críticos, guionistas. Se reunían alrededor de una mesa redonda en los salones del hotel neoyorquino Algonquin, desde finales de la I Guerra Mundial, para lanzarse invectivas, descalificaciones ingeniosas, chismes más o menos públicos. No lo sabían aún, pero, sólo una década después, se contaría entre los oráculos ese estallido de creatividad artística, liberalismo político y apertura mental que hizo de Estados Unidos un país fascinante: eran un grupo tocado por el genio.
Ella tampoco lo sabía -aunque lo anhelaba-, pero con los años, hasta ese 1967 en el que la fulminó un infarto, Dorothy Parker habría de convertirse en la escritora probablemente más cáustica y desencantada que conociera la literatura anglosajona de su época. Ella constituye el eje elegido por el desigual y a menudo insufriblemente pedante cineasta que es Alan Rudolph para trazar este retrato de familia con demonios que es Mrs. Parker. Y el resultado ha sido, de lejos, su mejor filme.
El primer elemento llamativo es la coherencia de su título respecto a lo que el filme aborda: a pesar de lo tentador que puede resultar un grupo de las características del círculo del Algonquin, a Rudolph sólo le interesa cada uno de los miembros estrictamente por su relación con Parker.
La segunda sorpresa la aporta el método que elige Rudolph para construir su relato, que le llevará del tono de comedia ligera del comienzo -una comedia recorrida de ironía ácida, es cierto- hacia un drama cada vez más desencantado y sombrío.
La tercera sorpresa es con mucho la mejor. A pesar de lo que podría sospecharse a la luz de sus ingredientes, Mrs. Parker es cualquier cosa menos una hagiografía piadosa y laica. Preocupado por captar qué es lo que hace a alguien obsesionarse con la creación artística, el director se acerca a su tambaleante heroína con respeto pero sin contemplaciones. El resultado es un ser humano a la vez débil y fuerte, -caprichoso y coherente, inestable y desgarrado, que tiene un alto concepto de la amistad y un pobre dominio de sus instintos.
Cine duro hecho fuera de cualquier coartada comercial a pesar de su impresionante elenco -con una Jason Leigh sencillamente soberbia, matizadísima en la tortura autoinfligida, en la causticidad que aporta al personaje-, Mrs. Parker resulta a la postre la conmovedora descripción de las grandezas y debilidades de una mujer que además fue escritora y cuya peripecia humana nos involucra a todos hasta el estremecimiento.
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