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REPORTAJE

Testigos de una guerra sin causa

París muestra el horror y la decadencia en la pintura alemana de 1914 a 1933

OCTAVI MARTÍ - París - 03/01/2008

 
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La I Guerra Mundial inspiró películas, novelas y obras de teatro, pero los pintores, como si la competencia de la imagen fotográfica se lo impidiese, no quisieron saber nada de ella. Excepto los alemanes. Ahora, y hasta el 4 de febrero, el Museo Maillol de París presenta la exposición que se interesa por el periodo que va de 1914 a 1933, es decir, del estallido de la guerra hasta la llegada de Hitler al poder. Los artistas alemanes escogidos son Otto Dix, George Grosz y Max Beckmann, aunque también hay algunas obras de Ludwig Meidner y Walter Gramatté. En total el museo ha reunido 250 pinturas, dibujos y grabados.

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A su manera, crítica y forzando el trazo, los artistas alemanes renuevan la tradición de la "pintura de historia". Pero aquí no se trata de celebrar gestas heroicas o de mitificar a generales y guerreros, sino de mostrar el horror. Y ridiculizar el discurso belicista, sus tópicos patrióticos y raciales. "Ser alemán supone ser cruel, estúpido, feo, gordo e inflexible: un reaccionario de la peor clase", dice Grosz. Y dibuja burgueses con puro, barriga, alcoholizados, lúbricos, capaces -parece- de corromperlo todo. Dix pinta "porque necesitaba liberarme de todo esto". "Durante 10 años soñé que estaba obligado a arrastrarme entre casas en ruinas, a través de pasadizos por los que apenas podía pasar", añade.

La flagelación de Cristo

Si Grosz y Dix tienen, respectivamente, 21 y 22 años cuando les envían al frente, Beckmann ya ha cumplido los treinta cuando es movilizado como enfermero: "En las trincheras, en una semioscuridad, he visto a hombres medio desnudos, cubiertos de sangre, a los que ponían vendajes blancos. El dolor y la grandeza. Una nueva visión de la flagelación de Cristo".

Grosz es el más político de los tres; Dix el que mayor voluntad documental demuestra, y Beckmann quien mejor se inscribe en una tradición pictórica que tiene, como máxima expresión del sacrificio humano. Pero los tres son cronistas de su época, testimonios de una guerra sin causa pero extraordinariamente mortífera. En el caso alemán es posible que influya el hecho de que, cuatro meses antes de la derrota, las tropas del mariscal Ludendorff estaban a 60 kilómetros de París. En Francia, como en otros países, la victoria reclama olvido, mientras que en Alemania exige revisión del pasado. En Rusia, la reclamación llegó antes y se convirtió en la Revolución de Octubre. En Alemania nació la frágil Weimar.

Los tres fueron mal vistos por los nazis. Grosz y Beckmann optaron por el exilio; Dix pasó a engrosar la lista de artistas que practicaban un "arte degenerado".


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