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CRÍTICA: La lidia / Feria de San Isidro

La cara y la cruz

ANTONIO LORCA - Madrid - 14/05/2008

 
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Diego Urdiales es un casi veterano torero riojano, poco conocido y escasamente placeado, que ayer toreó en sustitución del herido Serafín Marín. A pesar de su corto bagaje, no pasó desapercibido para la afición venteña por su concepción clásica del toreo. Y, con toda seguridad, él tampoco olvidará la tarde del martes 13, porque vivió una cara y una cruz que pueden determinar su futuro.

Segovia / Urdiales, Cruz, El Capea

Toros de Carmen Segovia, muy bien presentados, mansos y manejables. Noble y encastado el primero. Segundo y quinto, deslucidos.

Diego Urdiales: -aviso- tres pinchazos y estocada (ovación); estocada (oreja).

Fernando Cruz: cinco pinchazos, un descabello -aviso- y cuatro descabellos (silencio); estocada baja (silencio).

El Capea: dos pinchazos y estocada (silencio); estocada, tres descabellos -aviso- y tres descabellos (silencio).

Plaza de las Ventas. 13 de mayo. Sexta corrida de San Isidro. Lleno.

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Cortó una oreja de ley al cuarto de la tarde, un manso toraco de 645 kilos y de corto viaje, con el que se jugó el tipo en una valerosa porfía; consiguió meterlo en la muleta y le arrancó muletazos de bella factura por ambas manos. Bien colocado siempre, cargando la suerte, entregado de verdad, enrabietado, pero con la mente lúcida, dibujó el toreo puro, largo, hondo y templado. No fue una faena de apoteosis porque al toro le costaba un mundo embestir, pero quedó patente que Urdiales desborda torería y, sobre todo, un deseo enorme de recuperar el tiempo perdido y ponerse en órbita en su ya noveno año de alternativa. Ésa fue la cara; plena de satisfacción, en una vuelta al ruedo triunfal, en la que recibió los honores de un público entregado.

Pero también tuvo su cruz Diego Urdiales. Su primer toro fue de ensueño, de ésos que aparecen en las noches de duermevelas de los toreros. Encastado, nobilísimo y poderoso, con largo recorrido y fijeza en su embestida. Un toro que traía dos orejas dispuestas para lucir como trofeos gloriosos y se han quedado en despojos inservibles. Un toro para haber salido catapultado al estrellato del toreo. "Pídele a Dios que no te toque un toro bravo", dijo Belmonte.

Qué mala suerte tener tan buena suerte en Madrid y que te coja escaso de equipaje. Urdiales estuvo bien porque tiene maneras, y buen corte y elegancia. Tuvo destellos geniales. Una tanda de derechazos suaves y largos fue extraordinaria. Y un natural, y varios de pecho. Pero Las Ventas no rugió como el toro merecía. Y el torero alargó la faena en un intento desesperado de crear una obra que por segundos se tornaba imposible. Y sonó un aviso antes de montar la espada. Y quedó el regusto del toreo bueno, pero aquel toro merecía el delirio. Quizá es que es imposible coger una sustitución, hacerte el cuerpo en dos días y solucionar toda una vida en 10 minutos. ¡Qué sería de Diego Urdiales si las dos orejas lucieran hoy enmarcadas para la eternidad...! La cara y la cruz de la vida de algunos toreros...

Le acompañaron Fernando Cruz, que pechó con un lote inservible, y El Capea, que posee una tauromaquia muda. No dice nada.

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