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CRÍTICA

Dos maestros

ÁNGEL ÁLVAREZ CABALLERO 30/01/2008

 
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Una vez más, Morente ha demostrado ser un maestro absoluto del cante, en la sesión inaugural del XVI Festival Flamenco Caja Madrid 2008. La noche del Teatro Albéniz se llenó con la magia de su voz, en un concierto en que quiso interpretar cante clásico, con sólo el acompañamiento de guitarra de Pepe Habichuela y, en cuatro temas, los coros y palmas además.

La voz creadora

Cante: Enrique Morente. Toque: Pepe Habichuela. Coros y palmas: Ángel Gabarre, Gabarre hijo y Enrique Morente hijo.

Teatro Albéniz. Madrid, 29 de enero.

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Fue nuevamente un concierto ejemplar. Cante clásico, números ya conocidos en sus interpretaciones y en las de otros, aunque hablar de clasicismo en Morente es siempre algo arriesgado, porque sabemos que nunca su cante es igual al de otros cantaores. Su cante siempre suena distinto, diferente, como si aún sobre el cante clásico eligiera sus propias creaciones. El cante por siguiriyas, por ejemplo, en que hizo el Reniego, de Tomás Pavón, un cante de una dificultad extrema, al que Morente da su propia entonación con indudable propiedad. Tenía anoche la voz insólitamente joven, lo que le permitió hacer casi todo lo que quiso sin resentirse. Una voz que pasaba sin apenas transición del grito al casi susurro, de manera admirable. Una voz hecha a todos los registros.

Sabiduría

La caña, alegrías, soleares, la Elegía, de Miguel Hernández, fueron otras tantas de sus creaciones, a las que dio grandeza y jondura. Lo hizo todo con temple, despaciosamente, recreándose en los cantes como si fuera la primera vez que los decía. En ningún momento daba la impresión de caer en la rutina de lo mucho hecho, en la monotonía de lo que se sabe de sobra. Al contrario, sentía cada cante en profundidad, lo sentía con sabiduría y flamencura al límite de sus posibilidades. Al final, hizo dos temas, tangos y bulerías, con los palmeros, en lo que el cante fue mucho más ligero que en la primera parte, aliviándose el cantaor legítimamente. También hizo otros dos temas con los coros, en los que estuvo espléndido.

El otro maestro fue, lógicamente, el guitarrista Pepe Habichuela, con quien en la juventud de ambos grabara aquel disco memorable dedicado a Chacón. Desde entonces, se juntan de vez en cuando, siempre para hacer un concierto importante. La guitarra de este Habichuela, esta noche, fue igualmente memorable, tocándole al cantaor con exquisito gusto y su habitual maestría, incluidos los silencios, que los hubo.

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