JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 20/10/2009
El viejo latiguillo que durante décadas circuló entre el gremio de escritores -"A las siete de la tarde, o das una conferencia o te la dan"- ha sido sustituido por uno nuevo: "A la hora de comer, o formas parte del jurado de un premio literario o de los candidatos".
Ciclo 'Babelia' - Autor de 'España, aparta de mí estos premios'.
Las recompensas para obras inéditas, escasas en Europa, triunfan en España
En los últimos días la lluvia de galardones, Nobel incluido, ha coincidido con la aparición de dos libros que se acercan al fenómeno de los honores librescos desde el humor -España, aparte de mí estos premios (Páginas de Espuma), de Fernando Iwasaki- y desde la autocrítica -Mis premios (Alianza), de Thomas Bernhard-.
El otoño es la estación elegida por el Ministerio de Cultura para otorgar sus 19 premios anuales. Hoy se falla, por ejemplo, el de Ensayo. La semana pasada, además, se llevaron sendos premios nacionales dos autores treintañeros. Mientras el de Narrativa fue para Kirmen Uribe, por una novela en euskera que, el día del fallo, no había encontrado aún editor en castellano, el de Literatura Dramática recayó en Paco Bezerra, por una obra que no tenía quien la subiera a las tablas.
Este año, además, se cumplen 20 de la publicación de Juegos de la edad tardía (Tusquets), la primera novela de Luis Landero, con la que el autor extremeño ganó el Premio Nacional de Narrativa y, meses antes, el de la Crítica. "Aquello", recuerda el escritor, "me pilló con 40 años. Yo hubiera seguido escribiendo igual". Eso sí, la novela disparó sus ventas. Hoy lleva 18 ediciones.
Paradójicamente, los galardones ministeriales parecen haber tomado el relevo a los de las grandes editoriales a la hora de descubrir -y de paso consagrar- nuevos valores. Cada vez es menos habitual que éstos se fijen en autores primerizos e inéditos como, en su día, Miguel Delibes, Carmen Laforet o Ana María Matute. Así, Camilo José Cela obtuvo el Planeta en 1994, cinco años después de recibir el Nobel.
La gran peculiaridad del ecosistema literario español es, contra lo que ocurre en otros países, la abundancia de galardones concedido a obras inéditas. Una de las fuentes con más solera para certificar la inflación de galardones es la Guía de premios y concursos literarios en España que publica bienalmente la librería madrileña Fuentetaja. La última edición recoge más de 1.800 premios. La primera, correspondiente a 1996, recogía poco más de 1.000.
Según Chema Álvarez, responsable de la guía, Internet ha hecho que "la cifra de concursos que se convocan desde y por la Red" crezca "exponencialmente". Así, el portal de Internet premiosliterarios.com ofrece a sus suscriptores información sobre las bases de 3.500 certámenes (cerca de 10 por día, domingos incluidos). Este mes, y sólo en la modalidad de narrativa se cerrará el plazo de 45 certámenes: desde el de la Cofradía del Vino de Navarra hasta el Mazzantini de relatos taurinos de Llodio (Álava).
A ese "hecho diferencial" de la literatura española le ha dedicado Fernando Iwasaki España, aparte de mí estos premios. La obra del escritor peruano afincado en Sevilla es un conjunto de relatos precedidos por las bases de un imaginario concurso literario local y seguido por la correspondiente acta del jurado. Para Iwasaki, los premios son una forma de publicidad para los convocantes, algo que se multiplicó con el Estado de las autonomías. "La cantidad de premios que hay en España es algo que sorprende a cualquier extranjero, sobre todo si viene del Perú, donde sólo hay tres", dice el escritor limeño. En su opinión, los galardones sirven para tres cosas: sostener una vocación, consagrar una trayectoria o "directamente, prejubilarte".
Si el último fue el caso del propio Cela, el primero podría ser, como recuerda Iwasaki, el de Luis Sepúlveda antes de Un viejo que leía novelas de amor, Luis Leante antes de ganar el Alfaguara y, sobre todo, Roberto Bolaño. Antes de su consagración universal el autor chileno sobrevivió, en sus propias palabras, con lo que ganaba en los mil premios "de tercera división" desperdigados por la geografía de España, "premios búfalo que un piel roja tenía que salir a cazar, pues en ello le iba la vida". Lo dice en Monsieur Pain, una novela que pasó sin pena ni gloria cuando ganó, en 1993 y con el título de La senda de los elefantes, el premio Félix Urabayen del Ayuntamiento de Toledo. Cuando la rescató Anagrama seis años más tarde fue recibida como una obra maestra.
"No estoy dispuesto a rechazar veinticinco mil chelines, decía, soy codicioso, no tengo carácter, yo también soy un cerdo". Esto dice de sí mismo Thomas Bernhard en Mis premios (Alianza), el libro póstumo recién publicado en España con el que se conmemoran los 20 años de la muerte del escritor austriaco. En él, el autor de Corrección explica las razones por las que aceptó cada uno de los galardones que recibió en su vida. Las razones, de hecho, suelen ser la razón: el dinero. De hecho, se siente "humillado" cuando se entera de que uno de ellos no tiene dotación económica. También cuando recibe el Premio Nacional pequeño (a una obra) en lugar del grande (a toda una trayectoria). "Durante todos los años en que seguí recibiendo premios", escribe, "fui demasiado débil para decir que no (...) Despreciaba a los que me daban premios, pero no rechazaba estrictamente los premios (...) Odiaba las ceremonias, pero participaba en ellas, odiaba a los que daban premios, pero aceptaba las sumas de dinero". En eso no se distinguía de Sartre, que rechazó el Nobel pero años después reclamó su dotación.
La traducción del volumen, que incluye varios discursos barnizados con sosa cáustica, ha corrido a cargo de Miguel Sáenz. El traductor dice haberse "divertido" mucho traduciendo a Bernhard pero no le convence la "explotación" de sus archivos en busca de inéditos: "Es cierto que quedó por publicar un libro de poemas, pero el título lo usó luego para una novela". Sáenz, que ha sido el gran divulgador de la obra de Bernhard en España, celebra ahora la gran repercusión que está alcanzando en América Latina. A ella ha contribuido, dice, la reciente reunión a cargo de Anagrama de todos sus libros autobiográficos en un solo volumen: "Eso demuestra que es un autor universal". Tan universal como el desprecio de muchos escritores por los premios que aceptan.
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Javi de Ríos
( http://www.guiadeconcursos.com/Concursos )
- 20-10-2009 - 22:18:29h
Me parece que cuando habláis de concursos literarios os remitís siempre a los 3 o 4 grandes cuando, como dice el artículo hay miles. Hace años conseguía ganar una docena (bueno, ganar o accésits o lo que fuera) de pequeños certámenes sin conocer absolutramente a nadie, así que no hubo trampa. ¿Qué algunos de estos pequeños también están amañados? Pues posiblemente, como las opsiciones a los Ayuntamientos o los concursos para ver quien pone la farola de la esquina: unos son limpios y otros, quiero creer que los menos no. Pero lo que puedo dar fé es de que existen concursos limpios y organizadores honrados.
26
Ada
- 20-10-2009 - 20:57:07h
Estoy de acuerdo con #16: acabo de terminar «El viajero del siglo », último Premio Alfaguara. Me dejé influenciar por todo el engranaje de crítica positiva que recibió esta novela, y resulta que después de leerla detenidamente me encuentro con una novela llena de faltas. Pero voy a ser justa: tiene buenos momentos, no hay duda, el autor es culto, no hay duda; pero la novela cojea mucho (los episodios del enmascarado y la policía son ridículos y muy, muy mediocres) y se extiende demasiado para luego no llegar a nada. Entonces, ¿cómo es posible que ganara un premio tan importante? Por qué no podría devolver un "producto" que no me ha convenido ni me ha gustado? Sé que es subjetivo, pero como estoy cabrada creo que debería haber una oficina de protección al lector. Y a #3 y # 8: Escribir es un acto de libertad. Aunque nadie os publique sigáis escribiendo. . Todos los premios son imjustos y deberían irse al carajo. Y leer es también un acto de libertad. ¡A leer lo que nos da la gana, no porque obtenga un amañado premio!
25
Novel
- 20-10-2009 - 18:50:13h
Esta cuestión de los concursos literarios es grave. Seguramente de los 3.500 premios el 50 % (¡cincuenta por ciento!) se dan a paisanos de provincia o comunidad, a conocidos de los componentes del jurado (que nadie conoce o no controla), a propuestos por diversas editoriales; otro 25 se da a autores latinoamericanos (por aquello de la racha larga de moda) y un 25 es posible que se den con justicia. Hay que afinar mucho. Y todo este jaleo porque los ayuntamientos o entidades se premian a ellos mismos y creen que hacen cultura. Pero aquí solo escribimos los problemáticos y leemos muy pocos. ¿No sería mejor que solo fueran de honor y no hubiera dinero por medio?
24
Tania Lu
( http://tanialu.me )
- 20-10-2009 - 18:36:26h
El artículo es bastante interesante. Yo vivo en un país latino donde se organizan nacionalmente a lo mucho 3 concursos de literatura (cuento, poesía, novela) al año y concursos chiquitos que organizan universidades y otras entidades pero es esporádico. Así que para un escritor novel como yo, no le queda más opción que buscar concursos literarios internacionales donde España es la mayor productora sobre lo que se puede encontrar en el resto de latinoamérica. Eso por un lado, de otro, prepararse para un concurso literario es desgastante por todos los pereques para el texto que piden los auspiciadores, y muchos de ellos, como ya lo han señalado, tienen los ganadores elegidos de antemano. Justamente leía hace poco en escritores.org que era abrumador el porcentaje de escritores con agente literario que ganaba un premio a los escritores que ganaban sin tener alguno, valdría la pena entonces analizar que papel juega el agente literario en estos certámenes. De todas formas, recibir un premio literario no deja de ser un reconocimiento (y a la vanidad y bolsillo) del escritor.
23
Alexander
- 20-10-2009 - 16:09:13h
Hola, soy paisano de Iwasaki y estuve unos once años por España. No he sido muy asiduo a los concursos literarios, pero alguna vez me publicaron. Ahora estoy en Lima y escribo algunos cuentos. Como diría Alfredo Bryce un "entusiasta anónimo" además y todavía. He tomado nota de algunos blogs y prometo leeros. Un saludo a los compañeros y compañeras.
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