Una receta contra la invisibilidad
Jóvenes gitanos de Sevilla juegan con Shakespeare para combatir la marginalidad

"Shakespeare me ha enseñado que con el amor no se juega porque después se siente uno muy mal", dice convencida Rocío Rivas, quien encarna a Hermia en un montaje muy especial de El sueño de una noche de verano, en versión de Antonio Álamo, que se estrenará el día 11 en Sevilla. Lo particular de esta producción es su elenco: seis chavales de 13 a 18 años que viven en el asentamiento chabolista de El Vacíe y los barrios marginales de Torreblanca y las Tres Mil Viviendas, lugares condenados a la invisibilidad social. A los jóvenes, todos gitanos salvo un "entreverao" -"mezcla de castellano y gitana" como precisan- Shakespeare y el teatro les quedaban muy lejos antes de embarcarse en este proyecto que dirige Pepa Gamboa. Con suerte habían visto una versión cinematográfica de Romeo y Julieta.
"Shakespeare juega en esta obra con la invisibilidad y nosotros hemos rizado el rizo, porque estos chicos viven en barrios marginales que son invisibles para el resto de la sociedad. Para mí el proceso de aprendizaje es mucho más importante que el resultado", afirmaba ayer Gamboa, antes de iniciar un ensayo en el centro Territorio de Nuevos Tiempos (TNT), el mismo espacio y la misma directora de La casa de Bernarda Alba, protagonizado por gitanas analfabetas de El Vacie. La obra forma parte de Moving, un proyecto europeo que promueve la inclusión social a través de las artes escénicas y que se desarrolla también en Liverpool y Calabria. Esta adaptación de El sueño..., trufada de flamenco y hip hop, podrá verse en el TNT los días 11, 13, 20 y 21 de este mes y el 24 se presentará en Liverpool junto a los montajes italiano e inglés.
"Yo nunca he salido de Sevilla. Pensar que voy a ir con mis colegas a Liverpool, montarme en avión, ir a un hotel... Son cosas que no puedo ni imaginarme", decía ayer un ilusionado Jesús Jiménez, de 13 años, vecino de las Tres Mil y estudiante de 1º de ESO quien, por ahora se ha "quedado con la copla" leyendo el "resumen" de la obra y no necesita acudir al original.
A Débora Álvarez, una Helena de 14 años, no le ha hecho falta llegar al estreno para disfrutar de las mieles del éxito. Aunque hasta hace unos meses no sabía quién era Shakespeare, ahora sus compañeros la jalean en clase de Lengua. "Me dicen: 'Que lea la Débora, que lee muy bien". Parece que el teatro la está haciendo visible y no tendrá que recurrir a ese: "¿No me ves? ¿No nos veis?" que dice junto a sus compañeros al principio de la obra.

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