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El tenista que rompe barreras

JAVIER DUARTE 27/12/1998

 
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Àlex es como un hermano menor para mí. Un chico listo, rápido de pensamiento, con una agilidad mental para tomar decisiones inusual a su corta edad, pero, por encima de todo, muy buen amigo de sus amigos.Creo que algo habré aportado a todo eso. Pero lo básico, la educación, se consigue de pequeño en el seno familiar. Unos padres y hermanos estupendos y una fantástica novia, Marta, que ha tenido un papel muy importante. No es fácil ser atractiva e inteligente, a los 17 años, y esperar que tu chico vuelva a casa tras 20 días y diga: "Hoy no puedo salir porque mañana debo entrenarme". Éste es Àlex. Un trabajador que siempre ha sabido lo que quería, que sabe lo que tiene y que sabrá conservarlo.

Tenísticamente, su padre le llevó al CEAN (escuela de tenis) a los 11 años. Ya era campeón de Europa benjamín. Por eso creo que debe valorarse a su entrenadora en la Federación Catalana, Chufa Muntañola.

Cuando le vi me sorprendió. Tenía algo especial, muy difícil de explicar. Pensé que tenía en las manos a un futuro campeón. Ganó el campeonato de España en todas las categorías. Pero, aunque parezca un contrasentido, nunca dio un salto increíble en su juego. Todo transcurrió tranquilamente y de forma progresiva.

Tenía un físico apto, pero no excepcional. Viéndole ahora, no hay duda de que sus preparadores físicos han hecho un buen trabajo: Renato, Ramón, y el actual, Salva Sosa, que ha hecho de él un jugador fuerte e infatigable.

Un momento importante se produjo a los 16 años, cuando ganó la Orange Bowl cadete. No por ganarla, sino porque me confirmó que la progresión de sus mayores adversarios (Enqvist y Medvedev) había sido más espectacular pero menos sólida.

Llegó luego el momento de la verdad. El salto al profesionalismo. Fue un reto decisivo para Alberto y Àlex, y también para mí. Sabía que llevaba dos joyas. Había que ver cómo respondían. En poco tiempo se disiparon las dudas: Àlex se desenvolvía como si hiciera años que estuviera allí instalado.

Reconozco que entonces no esperaba entrenar al hoy número tres del mundo. En noviembre de 1996 (era el 20º mundial) le dije: "Àlex, creo que has nacido para ganar cosas increíbles. Y creo que lo lograrás. Tienes talento y trabajas duro. Pero veo difícil que algún día seas el número uno del mundo". Pues bien, me equivoqué. Llegue o no a esa meta, ha demostrado que es capaz de serlo.

Javier Duarte, Dudu, es el entrenador de Àlex Corretja y Alberto Berasategui.


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