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CRÓNICA: Quinta jornada de la Liga de Campeones

Edu llega demasiado tarde

El Valencia, eliminado pese a empatar con uno menos ante un pobre Schalke

CAYETANO ROS - Valencia - 29/11/2007

 
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En medio de un cúmulo de desgracias, el Valencia encontró la sonrisa de Edu. El medio brasileño venía de una eternidad sin jugar y no estaba dispuesto a que le alcanzara la depresión de sus compañeros. El contagio resultó a la inversa. Edu les transmitió su entusiasmo por volver al fútbol, por tocar la pelota, por sentir la emoción de estar otra vez entre los elegidos. Al menos hasta que sus gemelos le dijeron basta y llegaron los calambres.

VALENCIA 0 - SCHALKE 0

Valencia: Cañizares; Miguel, Helguera, Marchena, Caneira (Albiol, m. 43); Joaquín, Albelda, Edu, Vicente (Silva, m. 75); Morientes (Manuel Fernandes, m. 35) y Villa. No utilizados: Hildebrand; Sunny, Zigic y Arizmendi.

Schalke: Neuer; Rafinha, Krstajic, Bordon, Westermann; Rakitic (Grossmüller, m. 70); Jones (Bajramovic, m. 74), Ernst, Özil; Altintop (Asamoah, m. 84) y Kuranyi. No utilizados: Schober; Lovenkrands, Rodríguez y Höwedes.

Árbitro: De Bleeckere (Bélgica). Expulsó a Albelda (m. 31) por una dura entrada a Rafinha. Amonestó a Morientes, Rafinha, Villa, Jones y Özil.

Unos 28.000 espectadores en Mestalla.

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El grupo de Koeman jugó mejor tras quedarse con diez por la expulsión de Abelda

Así fue como el Valencia salvó su dignidad, puesta en entredicho tras la expulsión de Albelda. Cuando peor lo tenía, reaccionó. Sacó el orgullo tan escondido y aparecieron un Marchena espectacular, un Vicente redivivo y un Miguel irrefrenable. Todos cobijados por la alegría de Edu. Un punto que, lamentablemente, llega demasiado tarde para el Valencia, desalojado de la competición no por este empate, sino por sus derrotas inapelables ante el Rosenborg.

Inesperadamente, Koeman le dio la titularidad a Edu y éste, tan agradecido, superó todos los impedimentos físicos de alguien que ha estado más de un año sin participar por una gravísima lesión de rodilla, que se sucedía a otra que le había mantenido parado el año anterior. Nada que le impidiera ayer actuar con la frescura de un juvenil y con la sabiduría de un veterano. Por fin un pase de 20 metros en profundidad. Por fin alguien que alza la vista mientras conduce la pelota, otea los movimientos de los delanteros y adivina un envío al hueco. Por fin Edu. Tan bien se vio el brasileño que asumió una porción de liderazgo. Y abroncó a Joaquín cuando éste dejó de pasarle a Miguel como debía y se entretuvo demasiado con el balón, como acostumbra.

Lo sorprendente es que el Valencia jugó mejor cuando se quedó con uno menos, a la media hora, por la expulsión de Albelda. De repente, el equipo de Koeman encontró un estímulo especial para mantenerse unido. Y una excusa para ganarse el calor de la grada, muy fría hasta esos momentos. Le tocó a Koeman recomponer el equipo. Sacrificó a Morientes, dio paso al desterrado Manuel Fernandes y, poco después, tras lesionarse Caneira, introdujo al central Albiol de lateral izquierdo. Las desgracias unieron al grupo. Y desnudaron a un Schalke verdaderamente pobre. Lo mantuvo a raya un veloz Marchena, feliz de que Koeman haya decidido devolverlo a su posición natural en el centro de la defensa.

Tras la expulsión de Albelda, la cara de desolación de Koeman en sus explicaciones a Bakero eran muy elocuentes. Era un síntoma de degradación. El capitán se marchó al vestuario por hacer volar al ligero Rafinha, en el centro del campo, para anular una contra alemana. La acción, más aparatosa que dañina, delataba el desorden de un equipo que acababa de lanzar un córner y no estaba preparado para regresar a su área en caso de que el rival saliera de estampida. Justo lo que sucedió.

Con uno menos toda la segunda parte, el Valencia podía haberle entregado los trastos a su rival, tenía la excusa para dejarse llevar, pero prefirió lo contrario. Prefirió mirar de cara al conjunto alemán y embestirlo a la primera ocasión. Frecuentó el área de Neuer y el público apreció el enorme esfuerzo de sus jugadores. Al calor de la clase de Edu, se animó Fernandes. Y ganaron el centro del campo moviendo el balón con soltura. Entraron en acción los extremos. Renació Vicente, se sumó Joaquín y la gente empezó a pensar que el milagro era posible. El Schalke no dijo ni mu. Se limitó a resistir. Justo lo que necesitaba Vicente, un par de desbordes a su marcador. Lo logró con Rafinha y a partir de ahí comenzó a recuperar el terreno perdido en tres años de calvario. Ya muy cansado, fue sustituido por Silva, y el Valencia siguió intentándolo hasta el final. Con todo el coraje y la dignidad posibles. Siendo mejor que el Schalke. Pero no lo suficiente para ganar y viajar a Londres con opciones de prosperar ante el Chelsea. La sonrisa de Edu llegó a este equipo de Koeman, a quien le gusta mucho más la pelota que a su antecesor, demasiado tarde.

"Es un palo muy duro"

"Ni es mala suerte, ni arbitrajes ni nada. Los otros tres equipos lo han hecho mejor y es un palo muy duro", dijo el delantero David Villa, que no buscó ninguna excusa en la eliminación del Valencia de la Liga de Campeones. Los números son demoledores con el club que entrena Ronald Koeman. No ha podido ganar ninguno de sus tres partidos en Mestalla en su peor participación en la Champions. Sólo le queda el consuelo y, muy complicado además, de poder clasificarse para la Copa de la UEFA en la última jornada: debe puntuar en Londres ante el Chelsea y esperar el resultado entre el Schalke y el Rosenborg."Hay que ir a Londres a ganar por orgullo", expuso Villa. Pese a la eliminación, el público también se entregó a su equipo en una segunda parte en la que entendió que sus jugadores se exprimieron al máximo. Otra cosa es la escasa presencia de aficionados. En los últimos años, Mestalla siempre se llenaba hasta la bandera, especialmente en la Champions. Anoche no hubo ni media entrada. Señal de que la desilusión se han apoderado de una hinchada cansada de que el presidente y dueño del club, Juan Soler, cambie de proyecto deportivo cada dos por tres."Merecimos ganar", resumió Koeman cabizbajo. "Cuando pierdes y no has estado bien es otra cosa. Cuando juegas bien, como en esta ocasión, al menos demuestras que vas por el camino a seguir", se despidió. Por otro lado, 15 hinchas del Schalke fueron detenidos tras los destrozos en un bar.


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