Domingo, 15/11/2009

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REPORTAJE: El gran salto español: - Los grandes triunfos

Escalera hacia el cielo

Bahamontes y el Real Madrid en los años cincuenta abrieron la vía

C. A. - Madrid - 19/11/2007

 
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En los tiempos de los dos solos canales de televisión, el UHF y el VHF, los campeones, también en blanco y negro, también los podían contar los del aserradero con los dedos de una mano. En los años cincuenta, en los tiempos en los que la televisión era aún un objeto de lujo, la hambrienta España de Franco se alimentaba de las glorias del Real Madrid invicto y de Federico Martín Bahamontes en el Tourmalet. Y el que debía ser el tercero en el podio, el que debería haber sido el primer campeón olímpico de la España de la leche en polvo americana, el gimnasta Joaquín Blume, se mató en un avión antes de conseguirlo.

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En 2007, el año que acaba, en los tiempos en los que Youtube y el Internet 2.0 hacen que los canales de televisión sean millones bombardeando miles de imágenes por minuto, los campeones, si no tan incontables, sí que se han multiplicado exponencialmente. Han pasado cinco décadas en las que, paralelamente al desarrollo económico, al envejecimiento y muerte inevitables de Franco, a la instauración de la democracia y a la homologación final de España con su entorno cultural europeo, el deporte español se ha desarrollado a lo alto y a lo ancho, como diría el anuncio. En número de practicantes, en número de balones y bicicletas, raquetas y palos de golf, en los hogares; en número de cracks que dan sentido a los insomnios ante las pantallas; en número de deportes en los que un español demuestra que la alergia anterior no era genética. Si hasta un español es el mejor en fórmula 1. Sólo falta aprender a nadar y a jugar al rugby.

Cada década tuvo su campeón. Al principio, en los años 60, la década de Manolo Santana, los genios surgían de la nada, de las manos polvorientas de un recogepelotas que mostraba a los señoritos de las pistas que la clase no tenía nada que ver con el poder. En los setenta y en los ochenta, los años de la primera transición, a los pioneros, a Ángel Nieto y a Severiano Ballesteros, ya les acompañaban éxitos en los Juegos Olímpicos, primer fruto del trabajo y la planificación financiados por los presupuestos públicos.

La gran explosión llegó en los noventa, los cinco Tours de Indurain, los Juegos de Barcelona 92, el final de los complejos, el comienzo de la normalidad que en el siglo XXI, en los años que se llevan, se ha afianzado y ampliado aún. El gráfico de los triunfos de los españoles es, así, una escalera que, seguramente, una vez alcanzado su techo, se hará línea horizontal. Pero por todo lo alto.


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