VICTOR SOTO 20/01/2005
En las estrellas está escrito que Osasuna tiene que sufrir hasta en las tardes más plácidas. Ayer, sin ir más lejos, vivió al borde del paro cardíaco durante sesenta minutos y no pudo respirar de verdad hasta el pitido del árbitro. Una defensa navarra de verbena, sumada a la clase de Craioveanu, mantuvieron la esperanza del Getafe, que porfió en todo momento en busca de los cuartos de final, pero los dos goles de la ida fueron decisivos. Contrariamente a lo esperado por los navarros, Quique dibujó un partido al contraataque. Sabía que Osasuna adelanta su defensa hasta el medio campo para presionar y por eso tiró del rápido Kome. También contó con Craioveanu para que sirviera de lanzadera al nigeriano. Tras lo visto, Craoiveanu, de 37 años, le haría un favor al fútbol si se replantease su retirada a finales de curso.
Ayer, con el veterano rumano al frente, el Getafe se fue de la Copa por un pelo, por el acierto final de Muñoz, el héroe de los navarros
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- 20-01-2005
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