CAYETANO ROS - Valencia - 16/11/2008
Se esperaba la noche de Villa, pero fue la de sus paisanos y ex compañeros del Sporting, que dieron un repaso al Valencia. Una lección de humildad, deseo y calidad en la finalización que destapó las carencias creativas del Valencia, muchísimas. A cada reacción de Emery respondió el Sporting con un golazo, el último una filigrana de Diego Castro.
Valencia: Renan; Miguel, Albiol, Marchena, Moretti; Joaquín, Albelda (Edu, m. 74), Fernandes (Baraja, m. 58), Vicente (Morientes, m. 46); Mata y Villa. No utilizados: Guaita; Maduro, Del Horno y Pablo Hernández.
Sporting: Cuéllar; Sastre, Gerard, Neru, Canella; Morán (Kike Mateo, m. 88), Camacho, Míchel, Diego Castro (Pedro, m. 85); Barral (Matabuena, m. 75) y Bilic. No utilizados: Sergio Sánchez; Jorge, Iván Hernández y Cámara.
Goles: 0-1. M. 16. Morán. 0-2. M. 51. Barral. 1-2. M. 68. Villa, de penalti. 1-3. M. 80. Diego Castro. 2-3- M. 90. Mata.
Árbitro: Paradas Romero. Amonestó a Neru, Barral, Albelda, Preciado y Baraja.
Unos 35.000 espectadores en Mestalla.
Emery habría dado un imperio por un pasador decente. No bueno, sino decente. No disponía de ninguno. O, al menos, no lo tenía en la zona donde debería tenerlo: el centro del campo. Tanto Albelda como Fernandes movieron el balón con la destreza de un elefante. De manera que Marchena lo intentó a través de desplazamientos largos desde su posición en el centro de la defensa. Sin éxito, claro.
El entrenador del Valencia no tuvo bastante con la derrota ante el Racing (2-4) y repitió el equipo y las ideas. El resultado fue el mismo. En ambos casos abrió un hueco a Vicente, lo que suponía que Mata se trasladara a la media punta. Dadas las características de ambos jugadores, parecía una buena idea, pero no lo es. Cuando sale desde el principio, Vicente suma poco y resta a Mata, que, inexplicablemente, desaparece al abandonar el extremo izquierdo. Participa tan poco que es como si no estuviera y Villa se queda aislado, a no ser que le caiga alguna asistencia de Joaquín.
Presión, agilidad y rapidez. Ésa fue la receta aplicada por Preciado. Lo hizo en el primer tiempo, aprovechando la descoordinación valencianista al tirar el fuera de juego. Míchel envió un sencillo pase hacia la corona del área que dejó solo a Morán para que encarara a Renan. El interior levantó la cabeza, pensó y resolvió.
Y es que la inspiración la disfrutó el Sporting. Diego Castro incluso se permitió un juego de malabares con el balón antes de fusilar al final a Renan, que no daba crédito.
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El futbolista asturiano vivió un partido especial, pero el resultado no fue el que esperaba. "Los goles han sido errores nuestros y luego ha sido complicado darle la vuelta", dijo Villa al final del partido.