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REPORTAJE: Torneo de Maestros de Shanghai

Indomable Ferrer

El alicantino vence a Nadal y ambos irán a las semifinales si ganan su último partido

JUAN JOSÉ MATEO - Shanghai - 14/11/2007

 
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El aviso no sirvió de nada. David Ferrer ganó (4-6, 6-4 y 6-3) a Rafael Nadal y su victoria, combinada con la del francés Richard Gasquet sobre el serbio Novak Djokovic (6-4 y 6-2), dejó el Grupo Dorado convertido en un manicomio: la última jornada puede clasificar para las semifinales a cualquiera menos al serbio. Los españoles lograrán el pase si los dos ganan sus partidos. Ferrer, si juega como ayer. Y Nadal, si supera el cansancio y se reencuentra con su mejor versión, la que puso en la pista durante el primer set.

El mallorquín arrancó como un caballo desbocado. Indomable, fuerte y ciego a cualquier cosa que no fuera ir hacia adelante. Ganó la primera manga imponiendo su táctica de desconexión y corte, jirones de golpes distintos cosidos por su raqueta. Perdió la segunda porque Ferrer tuvo corazón de piedra, tiros de acero y alma de encantador de serpientes. Y no se llevó el partido porque no escuchó el rumor del peligro. Toni, su tío y entrenador, le había avisado. "Hay que ir con cuidado, intentar no ir a ritmo, porque en eso Ferrer es inmejorable", analizó; "hay que buscar un juego un poco más táctico, pero sin salir de nuestro esquema".

Ferrer exploró todas las dudas de Nadal. El alicantino ha ganado en tres días al número dos y al tres del mundo. Juega con convicción, pegada y piernas de dibujos animados, vuela que vuela, correcaminos. Es un tenista que vive su gran momento. Un hombre, dijo Nadal, "en estado de gracia". Sólo una mala carambola -que el mallorquín gane a Djokovic en dos sets y él pierda en otros tantos ante Gasquet- puede separarle de las semifinales. Si ese momento llega, lo aceptará con la amargura de quien se siente hermano pobre en fiesta de ricos. Ferrer es el juez más duro de Ferrer.

"Rafa es mucho mejor que yo", dijo el vencedor tras abandonar la cancha. "Es el número dos, el mejor español de la historia. Sólo le he ganado un partido. Es una tontería compararme con él. Es mejor que yo en todo", añadió; "es increíble, un luchador. Tuve que jugar el tercer set perfecto. Si no, no le habría ganado".

Ferrer no ha nacido para florituras. Pega duro, fuerte y a la línea. Desconoce lo que es una pausa. Y por eso juega como quien lucha en una guerra: sin concesiones, respiros, ni nada que permita descanso, parada en el frenesí, y reposo en su mezcla de golpeo y golpeo. Lo suyo es martillo contra yunque. Golpe plano y malhablado.

"Le felicito", dijo Nadal; "se está moviendo como un loco, jugando con mucha confianza. Ha venido aquí sin presión". "Yo competí bien. Siempre busqué soluciones y jugué a un muy buen nivel. David se lo merece. Tiene mérito. Yo jugué bien y él mejor", concluyó.


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