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TENIS | ROLAND GARROS

Irreconocible Federer

El tenista suizo se medirá a Nadal en la final de Roland Garros al derrotar con muchas dificultades a Gaël Monfils (6-2, 5-7, 6-3, 7-5)

J. R. - Madrid - 06/06/2008

 
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Demasiado caro pagó Gaël Monfils sus titubeos en la semifinal de Roland Garros contra un irreconocible Roger Federer. El suizo saltó a la arcilla con la cabeza puesta en la final, dominó en el primer set, se hizo gris en el segundo, intimidado por el empuje de un tenista arropado por la grada parisina, y terminó sacando todo su arsenal para contrarrestar su falta de confianza y acabar con el sueño de Francia de ver a un compatriota en la final. Lo que iba a ser un trámite se convirtió en una pesadilla de cuatro sets (6-2, 5-7, 6-3, 7-5). Al final, victoria con suspiros para el número uno y tercera final consecutiva. De nuevo contra su bestia negra en tierra batida: Rafael Nadal.

Roger Federer

Roger Federer

A FONDO

Nacimiento:
08-08-1981
Lugar:
Basel

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La presencia de la mejor raqueta del mundo empequeñeció el arrojo que Monfils demostró ante David Ferrer, y la grada, consciente del potencial del suizo, asistía a lo que, a priori, tenía ser un paseo para Federer, pese a que Monfils fuera semifinalista con motivos. El de Basilea cumplió, y en 31 minutos se adjudicó la primera manga (6-2) haciendo gala de un brillante repertorio. La estrategia era tan perfecta como la definición. Federer evitó su juego de fondo y forzó los errores de Monfils sin dar una carrera de más. Desesperado, el francés se rendía a la inteligencia de su rival. Con dos 'breaks' abajo, era mejor recomenzar en el segundo set.

Tan sencilla le resultó la primera manga a Federer que le invadió la confianza, y se perdió por la pista hasta el final del partido. No volvió a ser el mismo tras la primera ruptura (2-1). Mantuvo su elegancia, su hieratismo, pero la efectividad de sus golpes se esfumó y el protagonismo cambió de lado. Monfils comenzó a arengar a la grada y a controlar la situación. A cada punto, un rugido, y Federer, cada vez más pequeño, resistía encomendado a su destreza y a los errores no forzados de su rival. Los mantuvieron su saque, y el break inicial decantó la segunda manga del lado francés.

No varió la tónica en la tercera manga, que también perdió Monfils. El francés siguió empujando, jaleado por su afición, y el helvético, vulnerable y cariacontecido, vivió casi de su servicio para aguantar el tipo. No le salían las cosas a Federer, y mientras intentaba regresar a la tierra esperó el fallo de su rival. Que llegó. Monfils pecó de ambición. Veía la victoria como algo tangible, y arriesgó, consciente, por otra parte, de que para ganar a Federer debía forzar la máquina al cien por cien. Al final, la veteranía dio su fruto, y la rotura de saque le benefició para adjudicarse el tercer set.

Aún había esperanza, pensaba Monfils mirando a su entrenador. A cada punto, Thierry Champion le repetía que jugara con cabeza, pero la juventud le superó. El francés desaprovechó todas las oportunidades de quebrar el servicio del suizo. Perdonó y lo pagó con la derrota. La lógica se impuso en la Philippe Chatrier, porque para doblegar a Federer hay que controlar prácticamente todos los puntos del partido, arrinconarlo en su revés y anular su derecha. La suerte no es un aval fiable para presentarse ante el suizo; se necesita algo más. Un tenis agresivo, un juego de piernas incansable y la cabeza fría, inmutable, para derrotarle mentalmente.

Gaël Monfils puso sus galones y aunque apunta maneras, tiene todo un camino por delante para ser algo más que una sorpresa. En la primera manga comenzó relajado, como con David Ferrer. Se encomendó a sus dotes físicas y se dio cuenta que no bastaba. En la segunda incrementó el ritmo, subió a la red y movió más al suizo, pero tampoco fue suficiente. En la tercera luchó arropado y en la cuarta le falló la cabeza. Resignado, terminó viendo cómo Federer caminaba con interrogantes a su tercera final de Roland Garros. Quizá a la próxima.


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Federer celebra con rabia un punto ante Monfils- AFP

 
 
 
 
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