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Nadal deja de correr

El español cae ante Murray en las semifinales del US Open por 2-6, 6-7, 6-4 y 4-6

ELPAIS.com | AGENCIAS - Nueva York - 08/09/2008

 
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Saltó a la pista y era otro Nadal. El de siempre, el de la garra y la confianza, el que los aficionados están acostumbrados a ver. El partido empezaba con una clara desventaja para el español, tenía que remontar dos sets para seguir vivo en la semifinal ante Andy Murray, tras un día nefasto para el español, para el olvido, salvado tan sólo por la lluvia. Pero el número uno salió a la pista central Flushing Meadows con ganas de guerra. Y Murray lo sufrió. La remontada era complicada, pero no imposible. Lo intentó y falló. Pero dejó la sensación a los espectadores de que había vuelto.

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El tercer set comenzaba con 3-2 a favor de Nadal, y con el saque para él. Era la oportunidad de meterse en el partido, y demostrarle al escocés que a pesar de estar cansado físicamente, no se lo iba a poner fácil. El español recuperó sus fuerzas, sacó, movió a su rival de un lado para otro de la pista y el público neoyorquino rugió entre aplausos y vítores dedicados al español. El punto finalmente fue para Nadal. Empezaba la remontada. Aunque el saque de Murray siguió igual de efectivo que el día anterior. El escocés le devolvió el punto en blanco, y dejaba claro que no estaba dispuesto a dejar escapar la ventaja que tenía a sus espaldas. Pero algo había cambiado. Su adversario luchaba con más fuerza por los puntos, corría, llegaba y de nuevo, celebraba con pasión sus triunfos. El tercer set cayó para el español sin mucha dificultad. Quedaba partido por delante.

Empezó lanzado en el cuarto set. Murray comenzó con su saque y Nadal le contestó con un passing. Una doble falta puso al español a punto de romperle el punto a las primeras de cambio. El escocés estaba nervioso, y Nadal confiado. Pero el número seis del mundo estaba en un buen momento de forma y se defendió con cabeza. El segundo punto fue clave. Muy peleado, casi traumático por el escocés, con un nivel propio de las mejores ocasiones. El británico tuvo hasta siete bolas de break, hizo gala de sus mejores golpes, estaba dentro de la pista, utilizó sus mejores paralelos y jugó con su dañino revés. Nadal sufrió para mantener su saque, pero no lo cedió.

El mallorquín domina el aspecto psicológico a la perfección, y cuando el escocés defendía su juego, Nadal se lo robó. Sin despeinarse, de repente el número uno tenía 2-1 a su favor, con saque para él. Todo estaba encarrilado, si seguía jugando al mismo nivel, podía empatar el partido. Y si llega ahí, Nadal es letal.

Pero no era el momento del español. Tras Roland Garros, Wimbledon, Pekín, entre otros torneos, al español empezaban a fallarle la suerte y las fuerzas. El partido había pasado de ser físico a psicológico. La lluvia el primer día y el viento el segundo también querían parte de protagonismo. Los dos tenistas sufrían en la pista, uno para igualar el encuentro, otro para no perder su ventaja. Las circunstancias habían cambiado, y el escocés, consciente de ello, empezó a cometer errores. Cuando todo iba a la perfección para el español, la guerra psicológica cambió los papeles, y como pasa en la película de Woody Allen, Match Point, una bola en la red puede ser la clave de todo, dependiendo del lado en el que caiga. Fue del de Nadal. Murray le rompió su saque y puso de nuevo las tablas en el set. Le hizo daño, se despistó y otra vez se puso a sacar para empatar

El escocés peleó el partido de forma magistral, con golpes a la línea, allá donde su adversario no podía llegar. Con cuatro iguales en el set no se dejó amilanar por el número uno. Nadal parecía estar recuperado anímicamente, pero su adversario seguía firme en su propósito de llegar a la final. Con el saque de Nadal, Murray no dudó una y otra vez en pelearlo. Ganó. &-4 a su favor y Nadal cayó en Nueva York. Por fin podrá descansar. La temporada ha sido larga. Le espera la Copa Davis y Madrid, y es posible que el español se vea obligado a renunciar a algo. Tan simple como que necesita parar.


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