Jueves, 3/12/2009

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REPORTAJE: EUROCOPA 2008 - Suiza - República Checa

Suiza lo pierde casi todo

El conjunto helvético se queda sin su estrella, Frei, y cae en el debut ante los checos por un gol de Sverkos

EDUARDO RODRIGÁLVAREZ 08/06/2008

 
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No ha sido el fútbol un deporte dado a las ceremonias de apertura, más propias del olimpismo. Los fastos del fútbol son los goles y sus celebraciones, cada vez más infantiles, cada vez más histriónicas. Suiza no se saltó el guión y liquidó el asunto con cuatro trazos rojos y blancos, muy vistosos, eso sí, encargados a Martin Arnaud (ya diseñó la apertura del Mundial de Francia de 1998) y, sin saberlo, nos reavivó una absurda polémica. La interpretación de los himnos de Suiza y la República Checa en directo, a cargo de dos cantantes, desempolvará el rancio debate sobre la letra del español.

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Abrir el marcador es una anécdota que sucumbe fácilmente al imperio de las figuras

Todo muy sobrio y típico, en espera de que rodara un balón del que, como siempre, desconfían los porteros, convencidos de que sus diseñadores les tienen ojeriza y van descaradamente a por ellos. Y el balón rodó, no puede decirse que con estilo, durante 94 minutos dejando ya, sin esperar a más, la primera alegría y la primera tristeza. Lo segundo fue lo primero. El líder natural de Suiza, Alexander Frei, se retiraba llorando, antes del descanso, con una lesión importante que le hizo volver al banquillo apoyado en dos muletas. El máximo goleador de la historia de Suiza, el capitán, el alma de la selección anfitriona, cayó demasiado pronto. Para entonces, el delantero del Borussia de Dortmund (iba para asesor fiscal con su diplomatura de Comercio) había dejado algunos detalles de calidad. Ahora tendrá que echar números para saber cuántos días le quedan para regresar al campo. Fue la sombra del arranque de un campeonato que busca desesperadamente un ramillete de figuras a las que agarrarse para desatar las pasiones.

La luz le correspondió a un suplente. Vaclav Sverkos, que sustituyó al gigantón Koller, marcó el gol de la victoria checa y se aseguró un lugar en la historia del torneo. Es lo que tiene estrenar la Eurocopa: al menos, te garantiza unas cuantas líneas en los medios de comunicación de hoy y un recuerdo obligado dentro de cuatro años, en la próxima edición. Históricamente, el asunto es una anécdota que sucumbe fácilmente al imperio de las figuras, de los máximos goleadores, de los penaltis fallados, del gol decisivo en la final. Incluso de las tácticas y estrategias. Más aún, de las ruedas de prensa que provocan titulares golosos o debates redundantes, llenos de lugares comunes, de críticas y apoyos previsibles.

España es un contertulio habitual de esas polémicas. Aún vive tranquila, con el debate latente del centro del campo y, por tanto, de los delanteros o el delantero que se enfrentarán a Rusia. En espera, de mayores datos, Sverkos vivió un par de horas de gloria, las que tardó en saltar al campo Cristiano Ronaldo en Ginebra para atraer los focos de medio mundo. En principio, es el chico de la Eurocopa. Pero mientras tanto, la República Checa hizo sus deberes en un partido que siguió el guión de las aperturas: sencillez y tensión. Lo menos que se puede pedir.


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