R. Á. - Pekín - 18/08/2008
Una rival le mordió, de otro combate salió exhausta y con la cara marcada por los zarpazos y, tras el último, el que pudo haberle valido el bronce, dio un profundo suspiro, se guardó la rabia y defendió lo que ha hecho toda su vida: la lucha. Maider Unda, una recia vasca de 31 años, 72 kilos y 1,76 metros, tropezó en el último peldaño con la polaca Wieszczek: "Es duro tener un sueño tan cerca y no poder hacerlo realidad".
Maider encarna un modelo de superación personal. Por supuesto, no se dedica en exclusiva al deporte. Es una granjera. Se levanta a las seis de la mañana, saca a pastar un rebaño de 300 ovejas y elabora queso. Empezó a practicar la lucha con nueve años. Lo dejó y regresó en 1998 para proclamarse campeona de España. "Éramos dos y gané yo", dice con sorna. No se ha rendido nunca a pesar de dos operaciones en una rodilla, una hernia y una grave rotura de pómulo al recibir un cabezazo de una luchadora búlgara. Todo lo superó. Es un éxito para un deporte que en 2007 sólo contaba con 8.000 licencias.
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- 18-08-2008
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