ORIOL PUIGDEMONT - Buenos Aires - 01/01/2009
Parece mentira que una aventura tan extrema como el Rally Dakar pueda esconder un elemento tan pesado como las verificaciones que los participantes deben hacer antes de emprender la marcha. Con todos los vehículos en el parque cerrado, ubicado en el complejo La Rural, en Buenos Aires , los principales favoritos pasan por la tortura burocrática de cada año.
Recorrido por el espectacular rally que en esta edición transcurre por tierras argentinas y chilenas - ELPAÍS.com
Cada participante lleva consigo un dossier con una serie de casillas -seguro, ficha médica, GPS, casco y otros- que los comisarios sellan una vez comprobado que todo está listo y que los elementos están homologados. El proceso puede alargarse una o dos horas siempre que no haya ningún contratiempo que provoque que alguno de los participantes se encalle antes siquiera de pisar la arena. "Esto es un tostón", se queja Marc Coma, el ganador de la edición de 2006 en la división destinada a las motos y que este año afronta su octavo Dakar, es todo un experto. Otros, más novatos, aún sudan más. "¡Es tremendo! Suerte que me van llevando los del equipo porque no tengo nada claro por dónde hay que ir". El suspiro es de Carlos Sainz, que afronta su tercera participación como primera espada de Volkswagen, y que se encuentra mucho más cómodo circulando por una pista con su Race Touareg, a 160 km/h, que en la cola de las verificaciones.
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Acuden al rally por las dunas, pero la arena en ocasiones resulta indigesta. En el París-Dakar-París de 1996, los equipos, hasta los más experimentados, se vieron obligados a utilizar la pala durante sesiones interminables, en una zona del Sahara conocida desde entonces como "el erg imposible".