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CRÓNICA

La sangre fría de Valverde

El ciclista murciano logra su segunda Lieja-Bastogne-Lieja, la decana de las clásicas

CARLOS ARRIBAS - Madrid - 28/04/2008

 
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Fue un golpe de genio. También un fogonazo.

Alejandro Valverde

Alejandro Valverde

A FONDO

Nacimiento:
25-04-1980
Lugar:
Puerto Lumbreras

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Primero, la explosión.

Joaquim Purito Rodríguez, su luminoso maillot de campeón de España, un destello en la cabeza del pelotón, echó un vistazo a su alrededor y le gustó lo que vio, así que sin siquiera avisar a su jefe, Alejandro Valverde, aceleró con fuerza. A sus espaldas, el caos y dos seguidores, Frank Schleck y Davide Rebellin. Faltaban 21 kilómetros para la meta de Lieja y el pelotón de clasicómanos de las Ardenas descubrían una nueva subida, la Roca de los Halcones, que, seguramente, dentro de nada simbolizará tanto el carácter de la Lieja-Bastogne-Lieja como el Cauberg marca la Amstel, el muro de Huy la Flecha Valona, el muro de Grammont el Tour de Flandes, el Ghisallo el Giro de Lombardía y el bosque de Arenberg la París-Roubaix.

Hacía sol y Valverde disfrutaba de un nuevo estado de ánimo descubierto este año, el de la tranquilidad. Valverde ya es padre (de dos gemelos), ya tiene 28 años, ya pasó la etapa de ser el Bala, el ganador de todo; ya, incluso, puede pensar que el código Piti, que la Operación Puerto, desencadenada hace justo dos años, son asuntos del pasado. "He corrido más tranquilo, sí", dice el ciclista murciano, que hace 13 días ganó la París-Camembert y hace siete quedó tercero en la Amstel. "Quizás porque ya había ganado la Lieja hace dos años, y quizás, sobre todo, porque este año las clásicas no son un objetivo, sino que forman parte de mi camino hacia el Tour. Pero para ganar aquí hay que estar a un 90-95%, por lo menos".

Estaba tan calmo Valverde, tan bien alimentado -recordando sus penurias glucémicas en 2005, cuando su debut en la decana, en el equipo no pararon de recordarle que comiera, que comiera; incluso, por la mañana, antes de la salida, la báscula señalaba 63,5 kilos, dos más de lo habitual, consecuencia de la sobrecarga de hidratos de los últimos días para evitar problemas-, que ni siquiera parpadeó, él, que antes se movía tras el vuelo de una mosca, cuando Bettini, esclavo de su personaje, atacó en La Redoute y luego en Sprimont justo delante de él. "Estaba condenado", dice Valverde. "Arrancó con tanta fuerza y faltaba tanto...".

Y tampoco se movió al principio detrás de su amigo Purito. "Preferí quedarme con Cunego y Evans, ver qué hacían", explica. Vio, con la sabiduría táctica que le da la calma, que los más fuertes el miércoles bajo la lluvia de la Flecha no estaban muy allá, así que cambió y se fue con el trío Purito-Schleck-Rebellin, donde se jugaría la victoria.

El golpe de genio, después.

Alcanzado Andy Schleck, el hermano pequeño de Frank, el luxemburgués que ganó el año pasado la Amstel, Purito, súbitamente, levantó el pie. "Hombre, podría haber aguantado unos kilómetros más con el grupo, pero pensé que en vez de exprimirme, podría guardar unas cuantas fuerzas, descolgarme al grupo de atrás y volver a estar al final con Alejandro", les dijo Rodríguez a los del equipo. Lo que consiguió, sin embargo, fue más decisivo: fue un lastre para los perseguidores, que nunca cazaron al grupo de Valverde, y fue un peso táctico que se quitaba de encima el murciano. Delante, asistió, pura sangre fría, aliado con el veterano Rebellin, al hermoso intento fraterno de los Schleck en Saint Nicolas -pocas veces se ve a dos hermanos en el grupo selecto a 10 kilómetros de la llegada de un monumento-, y, tranquilamente, saboreó el último kilómetro como un intocable: sus compañeros le hicieron los honores, le dejaron llegar a su distancia ideal para atacar, pasada la curva, a 200 metros de la línea, y sólo les faltó aplaudirle.

"Frank era el más fuerte, pero yo el más rápido", dice Valverde. "Si en 2006, cuando mi primera Lieja, no era consciente del valor de una clásica, ahora sí que lo sé, y quizás por eso he disfrutado más con esta victoria. Por eso y por todo lo que he pasado".

Rebellin -ganador en Lieja en 2004- acabó segundo, Frank tercero y Andy, cuarto; Purito, octavo, Bettini, noveno, y el sorprendente Freire, que vale para todo, 11º.


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