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XAVIER VIDAL-FOLCH

Cumple 20 años y ya es cadáver

XAVIER VIDAL-FOLCH 05/11/2009

 
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Mañana cumple 20 años un cadáver: el Consenso de Washington. Se llamó así al recetario económico de los 10 mandamientos del (neo) liberalismo triunfante, que proclamaban el éxtasis del mercado y la irrelevancia del Estado. Justo cuando caía el muro de Berlín, la URSS entraba en agonía y se lanzaba la www (world wide web), que multiplicaría la globalización hasta el infinito.

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El recetario fue codificado por el profesor John Williamson, urdiendo las ideas de las grandes instituciones ubicadas en la capital estadounidense: el Tesoro norteamericano, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Sus cuatro mandamientos básicos eran: austeridad fiscal, liberalización comercial, desregulación financiera y privatizaciones. Lo peor del mismo, más que su formulación, fue su fosilización (en "pensamiento único") y su aplicación por organismos como el FMI, talibana, despótica, cínica y desastrosa. Lo han demostrado la realidad y algunos economistas como Paul Krugman y Joseph Stiglitz. Talibana: el equilibrio fiscal era un mandato ignorante de la coyuntura expansiva o recesiva; las privatizaciones debían ser súbitas, sin medidas de acompañamiento para los empleos que destruían. Cínica: la liberalización comercial fue asimétrica, de los países emergentes hacia los desarrollados, quienes no desmocharon sus barreras agrícolas. Despótica, porque se implantó a toque de pito, agravando la crisis de muchos países (cuando la ola de 1997), de forma que quienes desobedecieron el diktat (India, China, Uganda...) salieron mejor parados. Y desastrosa, porque la desregulación financiera ha sido la catapulta de la actual Gran Recesión.

Quince años después, en 2004, una treintena de académicos europeos y norteamericanos (estaban todos los citados, incluido Williamson) revisó el Consenso mediante una Agenda del desarrollo de Barcelona, que recuperaba lo mejor del texto de 1989 (la defensa de la estabilidad macroeconómica), proclamaba que "no existe una única política económica que pueda garantizar el crecimiento sostenido" y flexibilizaba todas sus recetas.

Hoy, 20 años después, las tres cumbres del G-20 van diseñando un espejo cóncavo del Consenso de Washington. Frente al equilibrio fiscal, la necesidad de estímulos y déficit temporal; frente a la desregulación financiera, nueva gobernanza y control de bancos, activos y paraísos fiscales; frente a privatizaciones sin distinción, intervenciones públicas para salvar entidades privadas. Veremos hasta dónde llega el G-20. Y si no recula.

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