La banca acusa a empresas de presentar ERE con la excusa del crédito
Habrá pocos asuntos más desagradables para un presidente de un gobierno socialista que admitir que debe apoyar a los banqueros, aunque no les pueda obligar a que suelten dinero para conceder créditos. José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, es víctima de esta aparente contradicción.
Esta situación planeará hoy en el café que tomará con los seis principales responsables de las grandes entidades financieras: Emilio Botín, presidente del Santander; Francisco González, del BBVA; Isidro Fainé, de La Caixa, Ángel Ron, del Popular; Miguel Blesa, de Caja Madrid y José Luis Olivas, de Bancaja.
"Que el crédito fluya a las empresas y familias". Esta es la principal exigencia de Zapatero, como dijo ayer en Lugo, para añadir que "no es el momento de grandes beneficios", informa José Precedo.
Los banqueros irán con los deberes preparados y recordarán al presidente que en 2008 el crédito ha subido un 7%, según el Banco de España, "mucho más que lo que ha crecido el PIB nominal" (descontando la inflación al PIB), aseguran fuentes de las entidades.
Crecimiento ficticio
Sin embargo, el Gobierno apunta que este crecimiento es, en parte, ficticio porque está influido por los fuertes créditos sindicados a las empresas más importantes. Es decir, se da dinero a las grandes y se deja de lado a las pequeñas.
El sector considera que el problema es que antes los préstamos crecían al 30% y el bajón actual "alimenta la leyenda urbana de que se ha cerrado el grifo. De hecho, muchas empresas están exagerando y aprovechan la excusa de la falta de crédito para favorecer que se aprueben expedientes de regulación de empleo (ERE)".
Los banqueros dicen que la demanda ha caído más del 20% y acusan a algunos empresarios "que han ganado mucho dinero en otras épocas y ahora no quieren poner de su bolsillo para ampliar capital en sus empresas".
La banca también defiende sus beneficios, y recuerda que, hasta ahora, los resultados de las entidades han caído un 15% de media. No obstante, los casi 9.000 millones del Santander o los 5.020 del BBVA "son cantidades muy elevadas; podrían sacrificar algo para favorecer el crédito", apuntan desde el Ejecutivo.
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