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CRÍTICA: TEATRO

Los perros filósofos

MIGUEL ÁNGEL VILLENA 25/04/2008

 
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Siempre sirven fielmente a sus amos. Por eso la lealtad figura como una de las principales virtudes elogiadas en los perros. Desde las verjas de un chalé, junto al puesto de control de un aeropuerto o en los barracones de un campo de concentración, bien se llame Auschwitz o Abu Ghraib, los entrenados canes olfatean, ladran, intimidan, persiguen, muerden... En La paz perpetua los perros también filosofan. Son perros filósofos, metáforas de agentes de la lucha contra el terrorismo, que aspiran a servir a los poderosos a cambio de una buena ración alimenticia. Ellos no se venden por un plato de lentejas, como los humanos, pero están dispuestos a agredir por unas suculentas salchichas.

La paz perpetua

Obra de Juan Mayorga. Dirección: José Luis Gómez. Actores: José Luis Alcobendas, Julio Cortázar, Israel Elejalde, Susi Sánchez y Fernando Sansegundo. CDN. Teatro María Guerrero. Hasta el 8 de junio.

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Emmanuel Kant inspira el título de la obra y el nombre de uno de los canes protagonistas, pero sus ideas y los debates intelectuales que su pensamiento ha generado en los últimos dos siglos están presentes a lo largo de toda la representación. No en vano el autor es un filósofo de formación. El dilema entre la seguridad y la libertad, la disyuntiva entre la bondad y la maldad o la encrucijada entre guerra y paz impregnan el último texto escrito por Juan Mayorga, el dramaturgo español más premiado en los últimos tiempos. Por boca de los perros-filósofos o de sus examinadores surgen nombres como Pascal, Hobbes, Voltaire o los cínicos griegos en un denso teatro de ideas que empacha, en ocasiones, a medida que avanza la obra cuando todos se ven obligados a mostrar sus diferentes visiones del mundo.

Teatro de debate y de intervención el que plantea Mayorga donde el espectador es invitado, desde la escena, a reflexionar sobre la sociedad que lo rodea, sobre los límites de la moral y de la política, del uso y del abuso del poder. Dramaturgia de ideas universales y teatro de magníficos actores que se comportan literalmente como perros durante hora y media en un ejercicio admirable de gestualidad.

Con una escenografía sencilla, con aires de cárcel de máxima seguridad, y donde los efectos sonoros y luminosos se limitan a lo imprescindible, José Luis Gómez ha pretendido subrayar la riqueza de unas palabras que interrogan sobre la esencia de la democracia. ¿Puede lucharse contra la barbarie terrorista con las armas de los asesinos? ¿Pueden vulnerarse las leyes para defender a la sociedad? ¿Quién define lo que es terrorismo? Como preguntan a los perros-filósofos, ¿los españoles que lucharon contra Napoleón eran insurgentes, terroristas o partisanos? Buenas preguntas que ustedes pueden responder desde el patio de butacas.

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