JOSÉ MARÍA RIDAO 07/07/2007
La obra de Amos Oz, Príncipe de Asturias de las Letras 2007, puede leerse en edición de bolsillo. Además de su magnífica autobiografía Una historia de amor y oscuridad, el escritor israelí plasma en Una pantera en el sótano y De repente en lo profundo del bosque sus ideas acerca de la relación de su país con sus vecinos, en tono de relato y parábola.
Desde una aproximación literaria radicalmente distinta, Una pantera en el sótano y De repente en lo profundo del bosque ilustran la principal preocupación narrativa de Amos Oz, que consiste en dar voz a Israel. Mientras la primera de estas novelas se sitúa en una geografía reconocible y en un momento preciso de su historia, en la segunda se impone el carácter simbólico del relato, la voluntad de aludir a esa misma geografía y esa misma historia a través de la parábola.
Amos Oz. Traducción de Sonia Pedro
García y Raquel García Lozano
Siruela/Debolsillo. Barcelona, 2007
240 y 160 páginas. 8,95 y 7,95 euros
Una pantera en el sótano es, sin duda, una de las obras más logradas de Oz, seguramente por el alcance universal de la reflexión que transita por la totalidad del relato. Un muchacho judío, Profi, entabla amistad con un soldado colonial británico, una relación normal en otras circunstancias pero que acaba constituyendo una anomalía por el momento en el que se desarrolla. El movimiento sionista ha pasado a la acción para asegurarse el control del mandato sobre Palestina, que los británicos abandonarán un año después. A ojos de sus camaradas del barrio y de la escuela, la amistad de Profi con el enemigo es equivalente a la traición, que es la acusación que ha debido padecer el propio Oz por sus posiciones con respecto al conflicto de Israel con los palestinos.
Aunque sin llegar hasta la traición como en el caso de Profi, también Maya y Mati, los dos personajes principales de De repente en lo profundo del bosque, se verán forzados a desafiar las órdenes de la aldea en la que viven para conocer la razón del extraño hechizo que padece. Querrán saber por qué han muerto todos los animales, y emprenden un viaje en el que, como al trasluz, Amos Oz va describiendo la relación de Israel con sus vecinos. La solución para conjurar el mal que padece la aldea -viene a decir Oz- no es muy distinta de la que debería adoptar su país para alcanzar un arreglo estable en la región.
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