LUIS GÓMEZ / PABLO ORDAZ / FRANCISCO PEREJIL 29/03/2004
El primer capítulo indaga en la hora escasa que transcurre desde que los terroristas colocan las bombas hasta que en los servicios de emergencia reciben las primeras llamadas de alerta. Durante unos minutos, las bombas y los viajeros se dirigen juntos hacia Madrid.
Las cámaras que vigilan el tráfico desde las azoteas de la ciudad ven a los heridos que huyen de Atocha y los confunden con "peatones que ocupan la calzada". A las ocho de la mañana, todas las bombas han estallado, pero Madrid aún no es consciente de la magnitud de la tragedia. Sin embargo, a las urgencias de los hospitales no dejan de llegar ambulancias. Hay psicosis de nuevas bombas. Se suspende la campaña electoral y el alcalde ve a sus vecinos morir a unos metros de distancia.
Transcurridas las primeras horas, los heridos han sido trasladados a 13 hospitales. Queda por decidir qué hacer con las víctimas mortales: no sirve el Anatómico Forense. Se busca una ubicación en un pabellón del Campo de las Naciones. Aznar inicia una ronda de llamadas. Llama a Zapatero y a los directores de los periódicos nacionales. Asegura que ETA es la autora del atentado. Los investigadores trabajan con otra hipótesis: hay un testigo. En Canillas preparan tres fotos de extranjeros.
La investigación policial comienza a poner en entredicho la autoría de ETA. Los indicios ya apuntan hacia el terrorismo islámico. Pero el Ministerio de Exteriores se moviliza por orden de Ana Palacio: la ministra quiere una condena internacional, rápida y contundente, contra ETA. Se inician las labores de identificación de las víctimas y el desfile trágico de familiares por los pabellones de Ifema. A las 19.40, un teléfono suena dentro de una bolsa cargada de dinamita. Es una prueba decisiva.
Es viernes por la mañana y ya han desaparecido las dudas en el entorno de la investigación. Jesús de la Morena, comisario de Información, pide a la Guardia Civil que envíe sus expertos en terrorismo islámico. Aznar mantiene la hipótesis de que el terrorismo vasco es la prioridad, pero no menciona a ETA. A la sede del PSOE llegan filtraciones sobre los avances policiales. Once millones de españoles salen a la calle. Una pregunta que es reproche recorre todas las calles: "¿Quién ha sido?".
Es una jornada de reflexión vertiginosa. El Gobierno insiste en la autoría de ETA, a pesar de que ya hace 24 horas que el Cuerpo Nacional de Policía sólo baraja la hipótesis de Al Qaeda. A las cuatro de la tarde se producen las primeras detenciones. Media hora después, lo saben todos los medios. Aunque ninguno lo difunde hasta las 19.50, el rumor atraviesa el país a lomos de los mensajes de móviles. Las sedes del PP son rodeadas por personas que piden "la verdad antes de votar".
Aznar vota, la gente le grita, su esposa llora. A Rajoy le llaman "¡Pinocho!". Por si fuera poco, la participación se dispara. No son buenos los presagios para el PP. La emoción llega a Santa Eugenia cuando Cayetano, uno de los supervivientes, se desplaza desde el hospital y vota. Al alcalde Gallardón le llegan encuestas que anuncian derrota. A Zapatero, sus simpatizantes le gritan "¡no nos falles!". Alguien escribe un mensaje de esperanza entre las velas y las flores que recuerdan a las víctimas.
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